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Consideraciones sobre las Asambleas Populares

Los hechos ocurridos en el país el 19 y 20 de diciembre del 2001 no fueron casuales, sino que pusieron en evidencia el rostro de la verdadera crisis argentina.

No obstante su espontaneidad un pueblo no se lanza a las calles sin disponer de un estado espiritual madurado por profundos motivos de descontento.

Esta gesta no podrá afirmarse si carece de una fuerza propia distinta, por cierto al de un simple episodio esporádico.

Estos acontecimientos deben transformar los propósitos iniciales tenidos en cuenta. Las asambleas –hijas de los mencionados acontecimientos- deben darle contenido político al lema inaugural: “Que se vayan todos”.

Es obligación de las asambleas mantener vivo el eslogan por que es la concreción de un proceso elaborado por la gravitación persistente de todos los desaciertos políticos, sociales y económicos de un sistema de gobierno incapaz de comprender y apreciar que tarde o temprano los pueblos injusta y antinaturalmente desposeídos acuden a la lucha para encontrar el equilibrio social indispensable. En la generalidad de los casos, la clase dirigente se ha apartado de esta ley natural y a la que cabe agregar la incuria, la incapacidad, el egoísmo, la codicia y hasta la perversidad de los mismos. En consecuencia juzgamos que las asambleas tienen suficiente entidad moral y andamiaje histórico para llegar a hacer actores preponderantes en la construcción de una nueva realidad argentina.

II

Se habla insistentemente en las Asambleas y en otros ambientes, de la urgente convocatoria a la Asamblea Constituyente. Me permito discrepar con tal posición. Nuestra historia constitucional nos dice que a partir de producida en 1810 la Revolución de Mayo hubo que recorrer una línea histórica para llegar por fin al año 1853 donde se dicta una Constitución y recién en 1860 los historiadores señalan que en esa fecha comienza el período constituyente definitivo.

En la mencionada línea histórica cabe mencionar como hitos fundamentales e imprescindibles la Asamblea del año 13, el Congreso de 1816 (que declara la Independencia), la Constitución de 1819 y la de 1826.

No quiero abrumar al lector haciendo referencia a otras constituciones, dado que los procesos son similares a nuestro país.

Quiero decir entonces que el ejercicio de una Asamblea que consolide el poder constituyente del pueblo es la consecuencia de distintos momentos históricos y que hacen a la correlación de fuerzas existentes en un período determinado, y esto demanda tiempo.

III

Otra consideración que me parece oportuno mencionar es la permanente referencia a la democracia que recurrentemente se efectúan en nuestro país. En modo alguno está en mi ánimo desarticular tales ideas.

Por el momento me quedo con el concepto de que la democracia es un estilo de vida dado que en realidad el orden democrático inevitablemente reposa sobre el estado y me pregunto ¿se puede democratizar una sociedad dividida en clases?.

La lucha por la democracia debe indicarnos el derrotero a seguir para conseguir una sociedad más justa para evitar confundir las apariencias como realidades.

Debemos concientizarnos que es necesario considerarnos ciudadanos porque quien habla de ciudadanía habla de poder, de relaciones de fuerza y del estado como marco básico dentro del cual se elabora y se sostiene un orden jurídico. Se necesitan adecuados mecanismos de participación que deben ser efectivos y no ilusorios.

La democracia y la ciudadanía han sido elusivas y prácticamente inasibles en sociedades como la nuestra atravesada como está por marcadas desigualdades sociales y económicas.

Por el momento, me parece oportuno, reitero, el concepto de que democracia es un estilo de vida y veremos más adelante si podemos hablar como sistema de gobierno.

IV

Está nuestro país pasando por un momento histórico excepcional como el resto de nuestros hermanos latinoamericanos.

El pueblo ha desbordado a los partidos políticos que no han entendido el mensaje que el pueblo ha dado en los mencionados acontecimientos de diciembre de 2001 como así también el último acto eleccionario. Desde las mismas esferas oficiales se proporcionan índices alarmantes de pobreza e indigencia. Y las clases dirigentes siguen ignorando las exigencias populares y ofrecen soluciones impropias para el estado en que se encuentra nuestro país.

Esta situación, ofrece dos alternativas: una, que el pueblo tome definitivamente cartas en el asunto y comience a sentar las bases de una refundación republicana, o dos, que esta situación desemboque en una salida fascista que realmente me preocupa, cito a continuación lo que dice Erich Hobsbawm en su libro “Historia del siglo XX” página 133, “ las condiciones óptimas para el triunfo de esta ultraderecha extrema (se está refiriendo al nazismo) eran un estado caduco cuyo mecanismo de gobierno no funcionaba correctamente, una masa de ciudadanos desencantados y descontentos que no supieran en quien confiar, unos movimientos socialistas que amenazaban o así pareciera con la revolución social pero que no estaban en situación de realizar”

Acaso el fascismo italiano no surge en medio de la inflación, la desocupación y la ineficacia del régimen parlamentario?. ¿Acaso el nazismo no aprovechó el descontento del pueblo alemán, la hiperinflación y los eternos conflictos parlamentarios?. El proceso español (Franco) y el portugués (Salazar) no reconocen las mismas características? Más adelante esbozaré cual puede ser el remedio que nos permita salir victoriosos de esta encrucijada

V

También se habla de reformular el contrato social, dado que se considera que en esta etapa histórica ha quedado sin efecto por las continuas y permanentes violaciones que se han hecho por parte de los poderes constituidos. Siguiendo a Rousseau en su libro “El contrato social” es posible una reinscripción del pacto siempre y cuando exista en la sociedad un alto porcentaje de coincidencia que nos permita hablar de “voluntad general” ¿Están dadas las condiciones para formular un nuevo contrato en nuestra sociedad?

VI

Habida cuenta de que el Estado es la institucionalización del poder y que las prescripciones constitucionales no han servido para resolver el problema del subdesarrollo y teniendo en consideración de que el pueblo es el depositario del poder constituyente u originario es que propongo que se tomen los siguientes problemas que afligen a nuestro país y que no se los abandone hasta su total y definitiva solución:

Deuda Externa

Desocupación

Reforma del sistema impositivo

Pobreza e Indigencia

Tales items deberán tener el carácter de prioritarios y de cuestiones de Estado, dado que entiendo que constituyen la madre de todos nuestros males. El tomar estos problemas como un verdadero programa para la salida de la crisis dará no solo contenido al lema Que se vayan todos… sino que estoy convencido que la solución que sepamos dar será el mejor antídoto para esfumar del escenario aventuras fascistas.

Estas líneas no pretenden trazar directivas, pero sí significar que el movimiento asambleario está más allá de propugnar una reforma constitucional tendiente a modificar la estructura de los partidos políticos, y no están dichas, por supuesto con el lenguaje poético de Mercedes sino que están motivadas por la esperanza de que las asambleas como actos fundantes, estén llamadas a ocupar un lugar protagónico en nuestra historia.

Dr Luis Emilio Nocce

pochidenoche@hotmail.com

Bibliografía consultada:

– Atilo Borón – Imperio e Imperialismo (Una Lectura crítica de M. Hardt y A. Negri) – Ed Clacso

– Jean Jacques Rousseau – El Contrato Social _ Ed- Antaya

– Carlos S. Fayt- Derecho Político – Ed. Abeledo Perrot – Sept. 1965

– Erich Hobsbawm – Historia del Siglo XX – Grupo Editorial Planeta.

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