Uno: Serviam. Ego pecatoris. Amén. Las rodillas duelen. Son las cinco de la mañana y el viento de la sierra se empeña en ser frío. Y todavía no es invierno. Habrá que esperar heladas duras, entonces. Pero no es la falta de calor lo que provoca el dolor. Será que el tiempo ha pasado y una hora de rezo, pesa. Me arrepiento de haber pensado la oración con ese verbo, se castiga. No pesa. Si duele, es porque así debe ser. Perdón, musita el hombre. Enderezar la espalda. Sentir que por la gracia de El es que podemos volver a erguirnos. Padecer de la incómoda situación de no estar en pié. La frente se despega lentamente del suelo. Lentamente. Los ojos cerrados y esa vacía oscuridad que da la ceguera que me impongo. Sufro. Claro que sufro. Y por eso el goce. Por la gracia de la existencia. Existo y el sufrimiento es lo que justifica mi existencia. Todo eso lo piensa desordenadamente. Ya la frente mira hacia el cielo. Del piso, frío, al frente, incierto. De rodillas, las manos sobre mis muslos, finalmente lo digo: serviam. Amén. Y gracias por esto.
Dos: El pueblo, ¿quiere saber de qué se trata?. Casi siempre, me decís. Casi siempre. ¿Y por qué ellos están convencidos de que lo que ellos tratan no debe ser sabido por nosotros sino al modo de ellos?. No pretendo destrabar lenguas. Ni jugar al silogismo idiota de la lógica dogmática del maestro griego. Pregunto: ¿por qué es tan difícil saber de qué tratan los jueces?.
Desde que Mariano Moreno sentó su idea de la publicación de sus ideas como se piensan, y eso que los maledicentes creen que por tal locura le hizo falta tanta agua para apagar tango fuego zurdito, los inquilinos del poder constituido han resistido los embates de los escribas a la hora de la pregunta, la investigación o la duda. Sin embargo, los dueños de la balanza y la venda de ojos se han resistido, versátiles piruetas y golpes de cintura mediante, a responder a los herederos del paraguas en la plaza lluviosa del 25. ¿Alguien puede dudar de que el Presidente de la Nación está obligado a dar cuenta de sus actos y a someterse al juzgamiento diario (¿minuto a minuto?) de cada decisión?. ¿Puede seriamente pensarse que un legislador podría escurrrirse a la requisitoria sistemática para saber qué proyecta, que mano levanta a la hora del debate y cómo se encolumna en las decisiones funcionales?. Si las respuestas son parejas en la afirmación de estos casos, ¿por qué habría que hacer una excepción con los hombres de toga que fallan en tribunales del país?: Si la república divide su poder en el ejecutor, el legislador y el juzgador: ¿por qué los jueces deberían seguir diciendo que en el cumplimiento de su deber de dar cuenta de sus actos sólo hablan por sus sentencias?. Y respondo. Es así porque los magistrados han sabido cómo hacernos creer que son servidores públicos especiales (sic) a los que se les debe trato especial.
Tres: Dicen que la mujer cuando lo vio entrar le pidió que rezaran juntos. El estaba todavía cansado. La mala noche de pensamientos perturbadores y el rezo prolongado para le pesaban en sus piernas. Cuando se sentó en el despacho sintió el mismo frío que el de las baldosas en su frente. Sería un anuncio. Quizá. La mujer le propuso terminar rápido con los formalismos y firmaron un par de papeles. Su abogado le ofreció un gesto de tranquilidad y su lapicera. Es a la derecha. Debajo de ”será Justicia”. Acomodó su cruz que latía sobre su pecho a cada movimiento y firmó. Habrá de ser justicia. ¿No?. Pésame Dios mío.
Cuatro: La mayor tarea para revertir el doloso proceso de desinstitucionalización de este país deberá pasar por restablecer la confianza de y en los jueces. Ampliaciones de cortes, recursos de arrancatorias, fallos inescrupulosos de magistrados que ahora dicen blanco y anteayer negro furioso, nombramientos de amigos sin más antecedentes que pertenecer a la cooperadora de la escuela de tu hijo menor, fueron algunos de los ingredientes de un perfecto cóctel explosivo. Y no fue uno el autor de tal desatino. Fueron Presidente, gobernadores y unos cuantos legisladores que trabajan a mano alzada, entre otros. Son pocos los que creen en los jueces, asegura una injusta generalización que mete en la misma bolsa a mucho magistrado honesto y formado. Es cierto, también, que los buenos debieron haber hecho sentir más fuerte su voz de protesta frente a lo que pasaba. Tal denigración originaria se suma a la tradición de hermetismo de los funcionarios del poder judicial. Toda técnica es discriminatoria. Un físico que explica la órbita del protón no puede perder el tiempo enseñándonos a nosotros su ciencia cuando logra un avance en la medicina nuclear. Un ingeniero sabe de fórmulas y nos deja afuera de los secretos del Puente Rosario‑Victoria que ha desatado la misma pasión que la llegada del Cometa Halley. Los jueces, también, manejan una disciplina técnica que hace que los pobres mortales nos quedemos afuera. Latinazgos, giros gramaticales inexplicables (”proveer de conformidad” ”Usía dijo: téngase presente” son mis preferidas) y mucha terminología de frasco hacen que lo que escribe en los expedientes sea territorio marcado con orín forense sólo accesible para los animales leguleyos.
A esta separación habrá que agregarle un aura diseñada por ellos mismos para convencernos que en los Tribunales hay gente trabajando y por lo tanto no hay que molestar. El señor Juez no hace declaraciones a la prensa. Esas es su política (sic). Su Señoría mantantiru lirulán no dialoga con los periodistas y se remite a los autos. El juez, vieja norma no escrita del foro, sólo habla por sus sentencias. Como todo esto es dicho en tono grave en los ceremoniosos pasillos de los edificios en donde se dice que dan a cada uno lo suyo, los cronistas que pretendemos saber de qué se trata y ser un vínculo entre todos y las sentencias, quedamos en posición adelantada.
Con todo respeto y rigor foris: ¿quién dijo que un Juez no tiene obligación de dar cuenta de sus actos?. ¿No es el magistrado ocupante de uno de los tres poderes del estado?. ¿Resiste análisis que un fiscal representante de los intereses populares se niega a enfrentan un grabador, una cámara o un apunte de la prensa?. ¿Por qué no se puede analizar y pedir explicaciones de una sentencia y sí de un decreto o de una ley?. ¿Son los medios de comunicación los modernos modos de saber de qué se trata?. Es cierto que este cuestionario adolece de generalización injusta. Baste decir que por estos lados de las pampas argentinas, la enorme mayoría de las cortes que miran al Parque Independencia o tienen su Jefatura en el coqueto edificio del bulevar Oroño actúan así.
Cinco: La jueza cordobesa Gascón de Lazcano ratificó su medida precautoria que ordena destruir los métodos anticonceptivos en general y los Dispositivos Intrauterinos (DIU) en particular por considerarlos abortivos. La retrógrada decisión se funda en el pedido de la lefevrista organización 25 de marzo patrocinada por un sacerdote que no sólo quiere los ritos en latín en la misa dominical, no condena abiertamente el nazismo, es xenófoba y hasta discute la autoridad del Papa romano. Salvo un sacerdote mediterráneo, no se han escuchado demasiados repudios de la jerarquía católica ante semejante cura, dicho sea de paso.
¿No debería ser norma común que semejante decisorio judicial sea explicado a todos por su responsable?. ¿No sería hora de exigir institucionalmente que se nos explique cómo un servidor público que cobra gracias al esfuerzo tributario de la gente decide como lo hace en estas cuestiones?. ¿Este caso, no es un botón de suficiente muestra?.
Ayer, harta de recibir los llamados de este cronista, la secretaria del Juzgado de la cruzada cordobesa insistió con que Su Señoría (la suya, pensé) sólo habla por sus sentencias. Pero, curiosa, la secretaria se animó: ¿qué es eso que tanto le quiere preguntar a la jueza?, inquirió. Hice un silencio y le dije. Quiero saber una cosa: si es o se hace
Fuente: www.rosario-12.com.ar