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El calvario de una empleada que denunció al polémico juez

Patricia Sellarés, la primera de las secretarias que trabajó cuatro años al frente de la secretaría penal, dijo que su paso por el Juzgado fue “un calvario” del cual se dio cuenta mucho tiempo después. “Tres años me costó salir (tras su renuncia) y gracias a Dios recuperé mi autoestima, porque te puedo asegurar que era un trapo”, remarcó. “Por suerte me recuperé. Pero lo que viví no se lo deseo a nadie”, agregó. Pese a todo, el viernes pasado, en declaraciones formuladas en la ciudad de Santa Fe, el juez Fariz se mostró tranquilo. “Desde el punto de vista profesional, siento que se me reprochan algunas conductas, como abogado creo que esas acusaciones no tienen sustento jurídico y como juez siempre intenté ser justo”, expresó.

La causa por acoso laboral o mobbing se basa en la persecución de la que denunció haber sido objeto la secretaria penal del Juzgado, Patricia Sellarés, quien terminó renunciando al cargo.

Luego, el acoso dijo haberlo vivido el funcionario Carlos Acosta (empleado judicial de Resistencia), quien había llegado a la ciudad para un reemplazo temporal de la renunciante. La tercera víctima fue la prosecretaria de la secretaría penal, Elba Fernández, quien finalmente se acercó hasta la Unión de Empleados de la Justicia de la Nación a pedir asesoramiento sobre cómo denunciar al juez Fariz.

El acoso laboral

Si bien el gremio judicial recién tuvo noticias sobre maltratos de parte de Fariz para con sus empleados durante el año 2001, todo comenzó antes de la puesta en funcionamiento del Juzgado Penal de Reconquista.

En agosto de 1997 la abogada Patricia Sellarés fue nombrada como secretaria penal del Juzgado, que recién comenzó a funcionar el mes siguiente. Todos los demás empleados fueron designados por Fariz, por lo que la mujer no era bien vista por el juez, hecho que Sellarés no tomó en cuenta hasta mucho tiempo después.

Despacho “nuevo”

En diálogo con El Ciudadano, Sellarés dio un extenso panorama de lo que fueron sus cuatro años de penares dentro del Juzgado Federal de Reconquista.

A poco de llegar, tuvo que soportar los maltratos laborales de Fariz, que primero le ordenó armar su despacho en el pasillo del Juzgado y, con el paso del tiempo, optó por mandarla a una construcción anexa a la sede judicial, construida –según cuenta Sellarés– para ella. “En un momento llegó a ordenarle a los demás empleados que no me dirigieran la palabra o que el ordenanza no me llevara café. Así que tuve que traerme una cafetera de mi casa o salir por la ventana para buscar un café a la cocina”, explicó.

En su derrotero, Sellarés también contó que durante sus cuatro años al frente de la secretaría penal tuvo innumerables problemas para tomarse vacaciones. “De hecho cuando renuncié me tuvieron que pagar dos meses de licencias no tomadas, y no me las tomé, no porque no quise sino porque no me dejaron”, aclaró.

“Y cuando pedía días para hacer algún curso o ausentarme por razones personales, tenía que terminar una cantidad de resoluciones para poder irme”, abundó Patricia.

Años de angustia

Su foja laboral indica que trabajó en el Juzgado Federal de Reconquista desde agosto de 1997 hasta finales de junio de 2001. En esos cuatro años de permanente acoso laboral, dice haber soportado presiones, pérdida de autoestima, hasta llegar a sentirse “una miseria humana”.

Los constantes maltratos a los que era objeto resquebrajaron su salud, a tal punto que ir a trabajar era casi un calvario. “A mí llegaron a tener que vestirme antes de ir a trabajar, yo entraba a las 6.30, así que todos los días mi hermano me llevaba al Juzgado y después me iba a buscar, hasta que mi cuerpo dijo basta”, relató.

Patricia tuvo una grave afección en la médula espinal, por la cual tuvo que ser intervenida quirúrgicamente en Buenos Aires. Tras la operación, debió quedarse en la Capital Federal para hacer la rehabilitación. Y cuando volvió a Reconquista, las cosas, lejos de mejorar, empeoraron.

Al reintegrarse, se encontró con que le habían iniciado un sumario a ella y a la por entonces prosecretaria penal, María Eugenia Zarza (actual secretaria). Ambas hicieron el descargo correspondiente, pero extrañamente sólo se resolvió la suspensión por diez días de Sellarés.

Tras la confirmación de la sanción, Patricia –asesorada por un estudio jurídico de Buenos Aires– decidió no continuar con la causa y aceptar la suspensión.

Pedidos de informe

Cuando regresó al trabajo, encontró sobre su escritorio cinco pedidos de informes sobre distintos expedientes. Al día siguiente otros cinco. El tercer día renunció. Y lo que creía una liberación siguió siendo un calvario.

“Después de presentar mi renuncia no me dejaron ingresar al despacho a buscar mis cosas personales, entonces yo dije «voy a mandar a una persona de mi confianza a buscarlas», a quien tampoco dejaron entrar”, recordó.

Cuarenta días más tarde le dejaron sacar todo, pero no entrar al Juzgado. “Los muebles que había en mi despacho eran míos, personales, estaban todos tirados en el patio (ahí estuvieron los 40 días), los cajones que tenían llave fueron abiertos y la computadora –que estaba adentro– me la entregó un policía, porque nunca más pude entrar”, acotó.

Entre su renuncia y la recuperación de parte de su mobiliario, Patricia padeció “una tremenda situación psiquiátrica” que se reflejó en un mes de encierro y depresión en su habitación. “Tres años me costó salir y gracias a Dios recuperé mi autoestima, porque te puedo asegurar que era un trapo”, remarcó.

Y el año pasado, cuando declaró ante el Consejo de la Magistratura, tuvo una pequeña recaída. “Por suerte me recuperé. Pero lo que viví no se lo deseo a nadie”, terminó diciendo Patricia Sellarés.

La ¿última? Causa

Si bien la denuncia fue presentada en diciembre de 2003, la causa Fariz salió a la luz hace dos semanas, cuando se reveló el extraño caso del supuesto narco cordobés liberado por el conjuez Hugo Rebechi, quien estaba a cargo del Juzgado Federal de Reconquista por la sospechosa licencia médica de Fariz (firmada por su hermano médico), causa que develó distintas irregularidades, como la de otro conjuez, Ricardo Degoumois, que le tomó indagatoria a quien sería en poco tiempo su cliente, el imputado.

Claudio Capdevilla, el agente que detuvo al sospechoso por narcotráfico en marzo pasado, en Suardi, apareció doce horas después de la liberación del acusado con un tiro en la cabeza. Según indicaron fuentes policiales, la causa de la muerte fue suicidio, pero familiares del agente pidieron una necropsia para develar si en realidad se trató de una ejecución.

El Juzgado Federal de Reconquista fue creado y puesto en funcionamiento en setiembre del año 1997. El primero y único titular es Eduardo Luis María Fariz, en un procedimiento relámpago cuestionado en toda la provincia, ya que entró en el último pliego firmado por el entonces presidente Carlos Menem, antes de la puesta en marcha del Consejo de la Magistratura. Un secreto a voces en el norte de la provincia indica que Fariz era vecino, socio y amigo del ex senador nacional Jorge Massat, quien fue responsable de la creación del Juzgado en cuestión.

Fuente:www.elciudadano.com

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