Si las sesiones de los consejeros se pierden en debates políticos insustanciales o si ellos se toman largos recesos, los concursantes no tienen la culpa.
De todos modos, algo debe quedar en claro: la invocación que hacen algunos consejeros de la demora es tan sólo una excusa para encubrir la verdad: el cuerpo, que está en manos del oficialismo, pretende manipular algunos concursos de los cargos que son clave en la Justicia.
A veces, para lograrlo, el primer paso es conseguir que el "candidato del comisario" quede entre los aspirantes mejor calificados. Pero cuando no se puede lograr ese objetivo, entonces, surgen ideas como anular el concurso.
Desde el punto de vista jurídico, el proceso de selección de jueces que realiza el Consejo es un procedimiento reglado, sujeto a normas, y los candidatos mejor calificados tienen un derecho a que la evaluación a la que se sometieron llegue hasta el final, para aspirar a integrar la terna que llega a manos del presidente.
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Cada vez que el Consejo convoca a un concurso, es habitual escuchar de los profesionales más idóneos -sea que se desempeñen en la Justicia o en la profesión- sus temores a someterse a ese proceso de selección.
Los mejores profesionales no temen las pruebas, sino la manipulación: saben que el Consejo es un órgano politizado y que en ocasiones no es elegido el mejor candidato, sino el que tiene los mejores contactos.