Por Héctor Galiano, desde Santa Fe
Desde que el secuestro express del hijo de un empresario frigorífico se hizo público esta semana, el aparato de Seguridad del gobierno santafesino se estremeció por la preocupación de que la provincia empiece a ser una sucursal del delito tan temido en el conglomerado de Buenos Aires y su conurbano. Es que también se supo que a fines de diciembre hubo otro secuestro breve en Santo Tomé aún no esclarecido. En el caso de Arroyo Aguiar, el procurador de la Corte, Agustín Bassó, ordenó a la fiscal de causas NN, María del Carmen Bertone, que le pida el expediente al juez a cargo, Pedro Guevara, quien hizo poco y nada por avanzar en la pesquisa durante los primeros 13 días que tuvo la causa entre sus manos. Tiempo que se pierde, verdad que huye. Encima, hay tres policías investigados por su posible relación con los secuestradores. Los legisladores del Partido Justicialista aprovecharon el mar de fondo para pedir una interpelación al ministro Daniel Cuenca, una ofensiva que finalmente el oficialismo neutralizó. Un alto funcionario del gobierno pintó la embestida opositora: "Nadamos entre tiburones. Si nos lastimamos, nos engullen".
El ministro Cuenca descartó que "haya bandas de secuestradores en la zona".
RÁPIDO Y FURIOSO. Adrián Cristante percibió que algo anormal ocurría. Los perros boxers no lo recibieron como todas las noches, cuando entró la camioneta Toyota a su casa de Arroyo Aguiar, pueblo de 1.300 habitantes al norte de Santa Fe, tras 20 minutos de viaje y sobre la ruta provincial nº 2. Su rutina no entiende de horarios normales. Trabaja y administra en una de las sucursales del frigorífico San Justo, que está en el norte de la ciudad capital, sobre la avenida Blas Parera al 5400, y es propiedad de su padre, José. El martes 27 de enero regresó a las 2.30. Ya en el silencio de la cocina, puso un bidón sobre la mesada cuando una voz lo sorprendió: "¡Tirate al piso!", le dijo un hombre con la cara cubierta de la nariz para abajo por una remera. Detrás apareció otro, también con el rostro a medio tapar. Para empezar, le sacaron la alianza matrimonial. Luego apareció un tercero, que traía a la esposa de Cristante por el pasillo de la casa. Los mellicitos de dos años que tiene la pareja dormían en su pieza.
Los captores hablaban en voz baja. Se llamaban ‘flaco’ o ‘loco’, sin nombres propios. Habían entrado a las 0.30, por el fondo, a través del perímetro de alambre de la casa. Por ahí se escaparon los cachorros boxers.
El trío le pidió a Cristante "la plata de la caja fuerte", según describe el expediente al que Crítica de Santa Fe tuvo acceso. "No tengo, esta no es la oficina", contestó el dueño de casa. Su mujer ya les había entregado el efectivo que tenía consigo: 3.000 pesos. "Pero mirá la casa que tenés, ¿cómo no vas a tener más plata?", insistieron mientras sacaban un champagne de la heladera y se lo tomaban como agua. "Si no me das la plata, te llevamos al chico", amenazaron. Cristante los persuadió de que él fuera el rehén. "Mi papá va a pagar, es el dueño de un frigorífico", les dijo.
Los secuestradores subieron al joven al Peugeot 307 de su esposa y se marcharon. "No te movés de acá. No llamés a la Policía. Te vamos a estar vigilando", le advirtieron a ella.
Un rato después, el teléfono despertó a José Cristante. "Tenemos a tu hijo, escuchá: ‘Viejo, ayudame’", oyó el empresario y reconoció la voz de Adrián. Los captores siempre usaron el teléfono del cautivo para comunicarse con el pagador.
El rehén fue aguantado en una casa de Monte Vera (pueblo cercano a Arroyo Aguiar). Luego de pactar el pago, lo cambiaron de auto -posiblemente, un Fiat Duna- y lo llevaron hasta Santa Fe. Lo bajaron en el terraplén de la avenida Circunvalación, frente al barrio Santa Rosa de Lima. Antes, uno le dijo: "Yo no tengo nada contra vos, pero si tu viejo no paga, te boleteamos". Esperaron el llamado final. "Loco, tu viejo cumplió. Te vamos a dejar atado para que nos des tiempo de irnos. Le vamos a decir donde estás. Cuidá a tu familia, que es una linda familia", fue lo último que le dijeron.
José Cristante había cumplido. Minutos antes, había dejado caer en el vivero Jardín Silvina -en el kilómetro 0 de la ruta provincial nº 1, en La Guardia- un bolso con $75.000. "Pagá, y mañana hacés la denuncia", le habría aconsejado en esas horas de incertidumbre un alto funcionario del Poder Judicial que, además, es amigo del empresario frigorífico. Eran las 7. La extorsión había terminado.
DEMORAS. El mismo 27 de enero, Adrián Cristante contó su odisea ante el fiscal Norberto Nisnnevich, quien pidió la instrucción del caso al juez de turno. La causa recayó entonces en el juzgado de Pedro Guevara, quien tuvo la causa durante 13 días en los que sólo ordenó como diligencias de investigación "una inspección ocular, un croquis del lugar y fotografías de la casa", según consta en el expediente Nº 173.
La Brigada de Antisecuestros de las TOE recién fue requerida el miércoles pasado, a pedido de la fiscal de causas NN María del Carmen Bertone, convocada a pedido del procurador de la Corte, Agustín Bassó.
Un policía de Laguna Paiva, otro de Santa Fe y un ex jefe retirado de la fuerza están bajo sospecha de haber participado en la ingeniería del secuestro express. "Es muy pronto para adelantarlo, pero es así", reconoció una fuente incontrastable, allegada a la causa. En cambio, el secretario de Seguridad, Carlos Iparraguirre, fue categórico: "Hasta el momento no aparecen elementos policiales involucrados", dijo.
Al descubierto
No es cierto que la Policía provincial esté preparada para enfrentar los secuestros. No tiene logística para hacerlo. No tiene mochilas de intervenciones telefónicas como tiene la (Policía) Bonaerense, tampoco un Poder Judicial dispuesto. Está a la vista lo que pasó con (el juez, Pedro) Guevara", cuestionó un calificado cuadro de investigaciones complejas de una fuerza federal.
La SIDE en Santa Fe tiene pocas celdas para pinchar teléfonos y, además, asiste a gran parte de Entre Ríos. "Hay investigaciones que, a veces, se demoran hasta dos meses por este tema. No hay capacidad. Es un reclamo que hacemos desde hace tiempo ante los organismos nacionales", señaló el secretario de Seguridad, Carlos Iparraguirre.
Otro caso en Santo Tomé
El caso Cristante tiene dos antecedentes inmediatos. El 2 de enero, las Tropas de Operaciones Especiales empezaron a investigar por las suyas el dato de que un joven de 21 años había sido secuestrado en Santo Tomé, entre la medianoche del 29 y la mañana del 30 de diciembre pasado. Los captores habían pedido un rescate de $200.000, pero la familia del rehén pagó la mitad y el joven fue liberado. La causa está bajo siete llaves en la fiscalía de Cintia Gómez. Ni la víctima ni sus familiares denunciaron el hecho, pero colaboran con la pesquisa.