El grupo que decidió alzar la voz y hasta se enfrentó cara a cara con Fein se conformó sobre finales del año pasado, cuando ya no pudieron aguantar más las consecuencias generadas por la apertura de tantos bares.
El primer encuentro con la intendenta tuvo lugar en febrero último. "Fue positivo y ella se mostró muy abierta a escucharnos. Hasta se comprometió a seguir el tema a través de una comisión creada para analizar las nuevas habilitaciones y revisar las otorgadas en los últimos tres años", indicó otro de los afectados a este diario.
Pero un mes después, ese primer acercamiento y buena disposición se desvanecieron. "Cuando fuimos a la siguiente reunión, el 12 de marzo, lo único que se había hecho hasta entonces fue instalar controles fijos de tránsito y control urbano. Tan fijo que cuando les decíamos a los agentes que fueran a retirar un auto que obstruía una cochera, nos contestaban que no se podían mover de ahí", recordó uno de los vecinos muy disgustado quien también valoró que se hubieran clausurado varios sitios, aunque luego volvieron a abrir y a cometer las mismas irregularidades por las que se los cerró.
En ese momento, un informe oficial destacó que en cuatro meses se realizaron más de mil inspecciones en locales de diversión nocturna y se clausuraron 20 comercios. La difusión de música fuera de horario o por encima de los límites permitidos y la venta de alcohol en la vía pública, fueron las infracciones más frecuentes.
Así y todo, aquel cónclave fue tenso. Las críticas de la gente molestaron tanto a Fein que hasta "bromeó" con llevar a los inspectores a otro barrio. Cuando los habitantes de Pichincha se retiraron, algunos funcionarios omitieron el saludo.