Será el ingreso más esperado, demasiado esperado para la opinión de algunos de sus colegas. El próximo 3 de febrero, a más de un año desde que la postuló el presidente Néstor Kirchner, Carmen Argibay jurará como nueva jueza de la Corte Suprema, y el más alto Tribunal del país volverá a tener nueve jueces.
Será la segunda mujer que ingresará a la Corte en democracia, luego de la designación, el año pasado, de Elena Highton.
El pliego de Argibay fue aprobado por el Senado en julio, pero su ingreso se demoró por su tarea en el Tribunal Internacional de La Haya, que juzga crímenes en la ex Yugoslavia. Esta jueza no es una jurista de la talla de Raúl Zaffaroni, pero tiene una larga carrera judicial que remató con broche de oro en Holanda.
Argibay declaró estar “más cerca de la izquierda que de la derecha”. Pero fue su autodefinición como “atea militante” lo que dio pie a una campaña en su contra de sectores ultraconservadores, que incluyó a algunos obispos.
Con la llegada de Argibay ya son cuatro los jueces designados en la Corte por Kirchner. Antes ingresaron Zaffaroni, Highton y Ricardo Lorenzetti. Pero el capítulo de renovación de la Corte que inició el Presidente no está cerrado: todavía es incierta la situación de Antonio Boggiano, a pesar de que los primeros mensajes oficiales hablaban de que la salida de Adolfo Vázquez, el año pasado, iba a ser el último paso de la renovación del Tribunal.
Desde junio de 2003 salieron en fila india cuatro de los cinco jueces que había puesto en la Corte el ex presidente Carlos Menem: Julio Nazareno, Guillermo López y Vázquez se fueron antes de que los echaran. Eduardo Moliné O’Connor enfrentó el proceso de juicio político pero resultó destituido por el Senado.
Luego comenzó una suerte de mensajes cruzados o de doble discurso oficial sobre la situación del quinto juez del grupo de los designados por Menem, Boggiano. De estrechos vínculos con la Iglesia, este juez integró lo que se dio en llamar la “mayoría automática” menemista, que sintonizó en muchos de sus fallos con los intereses del Ejecutivo.
A fin del año pasado, la Cámara de Diputados votó por abrumadora mayoría un pedido de juicio político en su contra, y el Senado deberá resolver su situación en los próximos meses. Pero hay algunos indicios de que la batalla de Boggiano no sólo será en la Cámara alta: desde el mismo seno de la Corte habría algún colega interesado en que no quede ni uno solo de los miembros de esa mayoría automática.
Desde la época de De la Rúa, Boggiano había tomado distancia de ese grupo, y en los últimos años fue uno de los principales impulsores de los fallos a favor de la pesificación de los depósitos. Pero los viejos recelos parecen no haber muerto: incluso algún miembro de la Corte sospecha que uno de los documentos que llegó a la Comisión de Juicio Político de Diputados, y que da cuenta del cambio de voto de Boggiano en el borrador de una causa, podría haber salido de uno de los despachos del Tribunal.
En medio de tantos movimientos, sobrevivieron en la Corte tres jueces “históricos”, nombrados por Raúl Alfonsín en 1983: Enrique Petracchi, a cargo de la presidencia, Augusto Belluscio y Carlos Fayt. Ellos, junto al renunciante Gustavo Bossert, integraron el grupo de quienes en muchos de los fallos emblemáticos de la década menemista votaron en contra de la mayoría automática.
Excepto el juez designado por Duhalde, el ex senador Juan Carlos Maqueda, acostumbrado a las mareas de la política, el grupo de “los nuevos” (Zaffaroni, Highton y Lorenzetti) suelen mirar con desconcierto algunas de las viejas rencillas que todavía se tejen en el Tribunal.
Si la situación de Boggiano finalmente se define en su contra en el Senado, Kirchner tendrá una quinta vacante para llenar en la Corte, los votos que hacen falta para tener mayoría. Eso sin tener en cuenta que, con 86 años, éste podría ser finalmente el año en que Fayt se decida a cumplir con la vieja promesa de jubilarse. En ese caso serían seis los jueces nombrados por el Gobierno, algo que, más allá de los atenuantes, pondrá en duda el discurso de la calidad institucional con que Kirchner llegó al Gobierno.
Fuente:www.clarin.com