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En sistemas políticos como el nuestro, la institución Justicia adolece, por definición e inmanencia, de la imposibilidad de ser justa. Si tenemos en cuenta que es el mismo sistema que determina el conjunto de normas estructuradas como leyes para propender a la convivencia armónica de la sociedad, el que excluye desde la cuna a millones de personas, irrespetando sus derechos humanos primordiales, resulta al menos inmoral que llegado el momento le exija a esta mayoría de excluidos que se apegue intransigentemente a las leyes en igual condiciones que aquellos a los que privilegió.