Lamentablemente, superar el actual estado de "fragilidad energética" que exhibe nuestro país requerirá de unos cuantos años de esfuerzo e inversión. Hasta ahora, se ha pretendido circunscribir el problema, sus consecuencias y la búsqueda de soluciones, a sólo tres sectores: las empresas prestadoras de servicios públicos, el sector público y el mundo de la producción. Al consumo residencial -esto es, los consumidores-, que representa nada menos que el 30% del consumo energético total, se pretende mantenerlo "aislado" de la crisis, sin que sufra cortes de gas o energía. También, se lo ha quitado de la lista de quienes pueden contribuir a la solución del problema. En la visión de ADELCO, ambas cosas constituyen un error.
En efecto: dejando de lado que, en los hechos, se están produciendo cortes (en forma aislada todavía), y que la presión del gas domiciliario no es la de siempre, la crisis energética SÍ está afectando a los consumidores argentinos; y lo hará aún en mayor medida si no se los tiene en cuenta en la emergencia y en las soluciones de largo plazo. Que el racionamiento energético haya recaído hasta ahora sobre el sector productivo, no implica que los consumidores no estén sufriendo la crisis a través de mecanismos menos visibles y más silenciosos. Las interrupciones e incrementos de costos en las fábricas, el agro, los comercios y otros servicios, recaen sobre el consumidor vía mayores precios (¡lo cual complica aún más el problema inflacionario!); también, por lógicos deterioros de la calidad de los productos de consumo. Como ejemplo, baste citar que la escasez de gas no sólo deja sin trabajo a taxistas y a otros transportistas; también impide que los consumidores utilicen un medio de transporte eficiente, particularmente importante para quienes están impedidos de utilizar otros medios masivos, o en emergencias.
La crisis actual es también una oportunidad. Una oportunidad para imponer en la población algo que el mundo hace tiempo tiene bien en claro: la necesidad de una conducta responsable y el fomento del consumo racional de energía, dado que ésta -además de ser crecientemente cara y polucionante- es insumo clave de toda producción, desde el abastecimiento de agua potable hasta la de capital humano (no hay que olvidar que nuestros niños y jóvenes están perdiendo días de clase por la escasez energética).