¿Qué juzgan los jueces y cómo lo hacen? ¿Hasta dónde llegan la culpabilidad y la inocencia? ¿Debe atenderse al hecho puntual o a la historia del sospechoso? ¿Qué pasa si el corrupto es el sistema o cuando un poderoso se sienta en el banquillo de los acusados? Estas preguntas, que sobrevuelan la actividad tribunalicia en todo el mundo, son algunas de las que intenta responder el libro Justicia penal y cine, que se presentó el jueves pasado en la facultad de Derecho de la UNR. La pantalla grande aparece como excusa y herramienta para la búsqueda de respuestas que a veces ya se conocen de antemano y no por eso duelen menos, precisamente en una provincia cuyo Poder Judicial está a un paso de enfrentar profundos cambios.
La obra es el octavo título de la colección Estación Cine, editada por el sello local Ciudad Gótica y dirigida por el abogado de Familia y poeta Sergio Fuster. En rigor, la colección lleva el mismo nombre que el programa radial conducido por Fuster desde hace ocho años y medio, que actualmente se emite los lunes a las 21 por FM 107 Radio Continental. Con el tiempo, el programa se convirtió en nexo entre amantes e investigadores del séptimo arte, que decidieron llevar algunas de sus reflexiones al papel.
En este caso, el bioquímico Rodolfo Velásquez, el juez de Sentencia Antonio Ramos y el propio Fuster unieron esfuerzos hace más de un año para seleccionar películas con temática judicial, también llamadas courtmovies. Se trata de un subgénero del cine policial donde el protagonista es el juicio, y que tiene como ejemplos emblemáticos a Testigo de cargo, Doce hombres en pugna y Matar a un ruiseñor.
Según el director de la colección, que también trabaja en el Poder Judicial, estos filmes sirven como herramienta educativa, sobre todo en las cátedras de Derecho Penal y Procesal Penal de las facultades de Derecho. De hecho, las courtmovies, nacidas en Estados Unidos, tenían entre uno de sus principales objetivos "la transmisión del modelo cultural y judicial americano al resto de las culturas, con una reivindicación del sistema de juicios por jurados, y la implicancia y compromiso ético de una justicia donde el ciudadano común es quien finalmente tiene los resortes de la ley en sus manos", advierte Ricardo Guiamet en el prólogo.
Claro que "esa visión edulcorada e idealizada de un sistema judicial alimentado por el prejuicio, y la ideologización reaccionaria era fogoneada por el poder en América del Norte como un eficaz mecanismo de divulgación del american way of life", añade Guiamet. En síntesis, el libro analiza críticamente las películas desde la perspectiva del proceso penal.
Para ello se sistematizaron los títulos preseleccionados -de Europa, Estados Unidos y América latina- según diez ejes o capítulos. Entre ellos, justicia por mano propia, el rol del jurado, la posición de los testigos, los delitos de lesa humanidad, los juicios militares y la condena a muerte. Los que más se destacan hablan sobre la moral en el juicio penal, los medios de comunicación y el papel de magistrados y fiscales (ver aparte).
"Trabajar desde las imágenes es muy fuerte porque implica rescatar las historias", explicó el juez Antonio Ramos. "El cine ofrece la posibilidad de ver qué pasó antes del hecho, cómo era la vida del acusado. El chacal de Nahueltoro, de Miguel Littín,muestra cómo alguien que se cría fuera del Estado, absolutamente solo, termina desencadenando un hecho trágico. En cambio eso no se vislumbra en los fallos", advierte el magistrado con conocimiento de causa, ya que su tarea es justamente dictar sentencia.
Uno de los prologuistas del libro es el camarista santafesino Julio de Olazábal. Lo primero que plantea es qué juzgan los jueces y cómo lo hacen, recordando que la lupa de la Justicia se posa sobre las acciones y no sobre el modo de ser de las personas, tal como lo indica el artículo 18º de la Constitución nacional. Pero incluso este principio, que significó todo un avance en la historia de la humanidad, en ocasiones resulta contradictorio.
"A veces el hecho es un recorte muy pequeño y no se interpreta lo que viene atrás, entonces se generan injusticias. Éste es el despegue de la idea del libro", aclara el juez Ramos. "Es un análisis crítico del sistema por exclusivo y excluyente. La mirada parte de la película para pensar sobre la dominación y el carácter estigmatizante del derecho penal como sistema, atacando a los más vulnerables y desamparados del Estado", se anima.
Cada capítulo propone varios títulos para tener en cuenta, aunque sólo algunos están analizados desde la perspectiva penal. De todas maneras, todos los esbozos pretenden funcionar como una invitación para que el lector vuelva a la película. Y a la reflexión. En la portada del libro, de hecho, hay un grupo de personas sobre fondo negro que mira hacia delante: son Marlene Dietrich, Maximilian Schell, Richard Widmark, Burt Lancaster, Montgomery Clift, Judy Garland y Spencer Tracy. Protagonistas de la película que narra un proceso penal clave de la historia de la humanidad, El juicio de Nuremberg.
En foco: de la pena de muerte a la comedia del poder
El delicado tema de la pena de muerte es analizado principalmente desde Sacco y Vanzetti (Italia, 1971, Giuliano Montaldo), que narra la ejecución de dos inmigrantes italianos de filiación anarquista en Estados Unidos. "Es un juicio político con etiqueta de juicio común", dice el magistrado de Sentencia Antonio Ramos. El Chacal de Nahueltoro también se basa en un caso real, el de la violencia homicida del campesino chileno José del Carmen Valenzuela Toro. "Durante su permanencia en la cárcel y hasta el cumplimiento de la condena, el hombre aprende a leer y escribir, recibe educación y se le enseñan oficios. Patéticamente dice: «Antes pasaba por la vida, en la cárcel me he dado cuenta de la vida»", apunta Ramos, para quien la película refleja "las diferencias sociales sostenidas por un Estado que no educa y después castiga". Casos que por cierto no son difíciles de encontrar en la realidad cercana.
El capítulo sobre juicios militares es una invitación a ver la película de Stanley Kubrick La patrulla infernal, también basada en un incidente real de la Primera Guerra Mundial: una división francesa es acusada de cobardía durante el ataque a una posición alemana considerada inexpugnable. Para el juez Ramos, "el film recuerda la vergüenza de nuestras leyes de Obediencia Debida y Punto Final".
En cuanto al rol de magistrados y fiscales, se analizan El juez del patíbulo y La comedia del poder (Francia, 2006, Claude Chabrol). Con relación a esta última, que trata sobre la investigación de delitos económicos que intenta una implacable jueza, la conclusión es que "actuar contra el poder parece depender de las personas (la jueza) y no de las instituciones". Es que "en la cadena de poder hay quienes pueden ser perseguidos y quienes no". Demás está decir que no es necesario viajar a Francia para encontrar ejemplos de ello.
Dilemas judiciales que no son sólo del celuloide
El nacimiento oficial del cine se ubica en 1895 en París, con la proyección de imágenes documentales registradas por los hermanos Lumiere. Seis años después llegó la primera película sobre temas judiciales, Historia del crimen, que mostraba desde el asesinato hasta el último día del homicida, condenado a muerte. Según Rodolfo Velásquez, uno de los artífices de Justicia penal y cine, la selección de títulos no fue sencilla debido a la gran cantidad de material producido desde principios del siglo XX.
"Hay quienes llaman películas cerradas a las courtmovies porque sólo transcurren en un ambiente determinado, es decir el tribunal", explicó Velásquez. "Otros autores las encuadran como películas de la ambigüedad a partir de la literatura de la ambigüedad, relacionada con las novelas de misterio. Es que en este tipo de novelas y en las courtmovies los personajes son ambiguos: van planteando situaciones en las que resulta difícil definir realmente quién es culpable y quién no", recordó el escritor.
La inquietud sobre los límites entre la culpabilidad y la inocencia es abordada en dos capítulos del libro, en los que se reflexiona acerca de la verdad y la moral en el juicio penal. Una de las películas analizadas en este último rubro, Ladrones de bicicletas, relata la historia de un hombre que necesita su vehículo para trabajar pegando afiches y cuando se lo roban lo busca infructuosamente. Hasta que finalmente él mismo roba otra bicicleta ante la mirada desolada y atenta de su hijo.
"¿Por qué elegimos este film si no hay juicio?", se pregunta el juez penal Antonio Ramos. "No hay tribunal porque la denuncia no llega. ¡Cuántas veces ocurre lo mismo en nuestra sociedad!", responde. "La obra muestra el dolor del hombre, su tormento antes de delinquir, la conducta desesperada y la vergüenza final", agrega.
Agnes de Dios es otra de las películas que ayuda a abordar la cuestión de la moral en los juicios penales. Dirigida por Norman Jewison, registra el caso de una novicia que es acusada de asesinar al hijo que acaba de dar a luz. El juez Ramos aprovecha esta historia para cuestionar cómo se juzgan los hechos en los que las personas, cuando actúan, no son inimputables pero tampoco puntualmente punibles. Además, dice que "el film recuerda, como espejo invertido, el caso Romina Tejerina, y esencialmente la necesidad de contemplar aspectos que hoy quedan afuera de los procesos, sobre todo cuando los justiciables son los excluidos del sistema".