Hernán Lascano – Leo Graciarena / La Capital
El joven que asoma en la oficina de la Policía Federal de barrio Martin tiene una sonrisa breve, es robusto y alto. La barbita candado no parece estorbar la cara de nene. Si volviera ahora a España, su país, le plantarían cargos por los que podría pasar hasta 40 años en prisión. Le imputan haber descalabrado sistemas de seguridad nacionales y de varios bancos, vulnerado códigos de usuarios e integrar una organización que cometió estafas millonarias vaciando cuentas bancarias. Por esa razón tiene 14 pedidos de captura y un pedido de extradición. El asegura que es blanco de una acusación demencial, formulada sin prueba alguna, a partir de una vigilancia de sus actos íntimos que significan un ultraje a su vida privada. Y que buscan convertirlo en destinatario de una reprimenda ejemplar para desalentar a los que, como él, buscan los puntos débiles de los poderosos en el ciberespacio.
La detención de José Manuel García Rodríguez, de 23 años, representa una extraña paradoja jurídica: está preso en una comisaría argentina acusado por una conducta que la ley argentina no reprocha. Puede estar preso 40 días hasta que el juez argentino reciba el pedido de extradición por algo que aquí no es un delito. Por esa razón sus abogados creen que esto es un peligroso precedente contra las libertades civiles y elevarán un hábeas corpus contra el Reino de España ante la Corte Suprema de Justicia local para que haga cesar lo que, interpretan, es una privación ilegítima de la libertad (ver aparte).
“Si soy millonario todavía no me he enterado”, exclama José, que habla con fluidez, con una entonación neutra que remite a ningún lugar. “El problema es que si logro salir tendré problemas con los que piensen que soy rico”, comenta. Hasta los 17 años vivió con sus padres y su hermana en Algeciras, en la punta sur de Andalucía, frente a Marruecos. A los 19 se mudó solo a Madrid. Ya estaba habituado a que la Guardia Civil lo visitara por su compulsión a penetrar las redes secretas de distintas instituciones europeas. “Soy de una familia humilde: mi mamá es ama de casa, mi papá empleado municipal. Tuve que irme porque la policía causaba muchos inconvenientes en casa. Se llevaban la computadora, los vecinos hablaban, era un constante acoso”, dice.
No lo admitirá nunca porque en su país pueden tomarlo como una confesión. Pero José, el Gordo España como lo llaman aquí, lleva casi una década enloqueciendo las redes. Le atribuyen haber tumbado el sistema informático del Banco de España, de la Caja de Crédito de Madrid, haber penetrado los códigos secretos del Ministerio de Defensa y del Servicio de Inteligencia español. El asegura que su especialidad es determinar fallas en los sistemas de seguridad, pero que al detectarlos publica en la web la forma de corregirlas.
Hace dos años llegó a Argentina. Cuenta que unos amigos que conoció en Madrid, que son de Carcarañá, le insistieron en que se radicara allí, donde lo detuvieron hace una semana. “Mi casa en Carcarañá es muy humilde. Hice ahí lo que hice toda mi vida. Aprender y trabajar en lo mejor que sé. ¿De qué vivía? Aparte de lo que ahorré trabajando en España, diseñé alguna página web, algún script. También me ayudaba mi madre, la pobre, el cambio me favorecía. Un euro es casi cuatro pesos. Así, sin mucho lujo, vivía una vida tranquila, en un pueblo pequeño”.
Se define como un solitario, pero en la red nunca estuvo solo. Allí integra una comunidad de personas que son número uno en informática, un mundo que descubrió a los 13 años. “Por mi cuenta, soy autodidacta, no estudié en ningún lugar”.
Su deambular se explica, sostiene, porque la policía siempre lo estaba persiguiendo. “Pero me detenían y me liberaban porque no tenían nada. Me acusaban de delitos tecnológicos, de violación de secreto, pero jamás me pudieron probar ningún acto criminal”.
Con más asombro que vehemencia niega ser un delincuente del mundo virtual. “Dicen que me dedicaba a duplicar páginas web (phishing) para despistar a los usuarios, obtener sus cuentas bancarias y estafarlos. Es asombroso. No hacemos daño al patrimonio o a la seguridad de nadie. Cuando descubríamos un error sugeríamos formas de subsanarlo. Eso es lo que molesta. No sólo porque uno descubre errores sino porque los comparte con un montón de gente. A la gente le marcan un camino y van como borreguitos por allí. Nosotros tenemos un conocimiento más amplio y no nos gusta que nos digan por donde ir. Si hacemos un estudio y encontramos un fallo lo publicamos”.
“Uso mi nombre, mi documento, no me escondo. En la red nos ponemos unos seudónimos, a mí me dicen Tasmania, pero usamos archivos públicos. Pero ante cualquier cosa que suceda venían a por mí. Era un constante asedio”, afirma.
José no fue detenido en soledad. Otras 14 personas acusadas de estafar a la banca “on line” han caído en España. Entre ellos A.A.P., un técnico superior en informática rumano, de 24 años, al que el Gordo España culpa por su situación. “Es este muchacho rumano el que me incriminó. Lo conocí en Madrid, en un cibercafé de la Gran Vía, apenas hablaba español. A través del chat yo le había dado la idea para hacer cosas. Por declaraciones así vinieron por mí pensando que estaba en cualquier cosa. El sabía lo que yo había hecho y dónde vivía porque hablábamos habitualmente. Es una locura que por una simple conexión me puedan perseguir e incriminar.
-Te acusan de haber vaciado cuentas bancarias ajenas.
-Es absurdo. Estoy a disposición del juzgado para que verifiquen que las cuentas que tuve estaban a mi nombre. Todos los movimientos son comprobables. Leí cosas asombrosas como que iba a sacar dinero a distintos cajeros de Rosario. Cuando disponía de plata y podía iba a sacar al cajero de calle Belgrano en Carcarañá.
-¿Cómo te definís por tu conducta en la web? ¿Sos un hacker?
-Solamente en la acepción que dice que hacker es una persona curiosa, que busca y quiere información y no la esconde. Usado de esa forma soy un hacker. Pero no en el sentido usado por los medios que lo convierten en algo criminal. Soy así, llevo esto adentro, soy curioso, necesito saber todo.
-¿Qué logros personales te enorgullecen como hacker?
-No quiero hablar de eso porque en España podría ser utilizado como una confesión. España tiene un sistema legal jodido. A nivel de leyes y garantías España es el tercer mundo. Me acusan por algo que no me prueban y me pueden condenar en ausencia. Si voy allá tendré a toda la sociedad y la prensa encima pidiendo mi cabeza en una bandejita. Por eso quiero llevar una vida normal y corriente acá. Estoy detenido como si fuera un traficante, un ladrón, un asesino. No hice nada. No me considero un criminal.
-¿Es cierto que te interesa que te contraten en base a tus habilidades? ¿Por qué crees que una empresa argentina podría confiar en vos?
-¿Y por qué no? Tengo altos conocimientos demostrables en cualquier caso. Gente con estos conocimientos puede hacer bien a la comunidad. Quiero una vida digna y corriente. Para tener una familia hace falta un trabajo. Y yo estoy condenado por una declaración. Aunque estoy preso en una comisaría argentina, la ley argentina no me persigue. Interpol me detuvo por orden de un juez español.
-Tenés fuertes cargos de la Justicia española en contra. ¿Suponés que alguien puede pensar que tu defensa con las mentiras de un chico muy inteligente?
-Yo no tengo que demostrarle a la comunidad qué es lo que no hice. Me están atacando sin motivo. Llevo una vida humilde y voy a seguir desarrollando mis conocimientos. Es mi forma de vida, quiero aprender. No tengo que demostrar mi inocencia.
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