En el Juzgado Federal de Reconquista siguen sucediendo hechos extraños y preocupantes. Recientemente fue excarcelado un narco regional, a quien se le encontraron más de 150 kilogramos de marihuana, en un operativo desarrollado en el Departamento San Cristóbal, pese a las pruebas contundentes y al testimonio clave de un agente de la guardia Rural Los Pumas, que en tres oportunidades declaró lo mismo. Al día siguiente de la libertad del imputado, el policía que sostuvo su acusación (soportando careos y algunos aprietes sutiles), Claudio Román Ramón Capdevilla, apareció muerto, dentro de una dependencia de la fuerza, en un camino comunal, en proximidades de la ruta 23. De inmediato se dijo que fue “suicidio” por cuestiones pasionales. Capdevilla era diestro, pero el tiro le entró por el lado izquierdo de la cabeza. La resolución, ordenando la excarcelación, pese a la gravedad del hecho, no fue firmada por el juez federal Eduardo Fariz ‑actualmente con varias denuncias ante el Consejo de la Magistratura de la Nación‑, porque al saber que tenía que resolver tal cuestión, optó por pasar “parte de enfermo” ‑con un certificado firmado por un allegado‑, a fin de no quedar relacionado con el caso. No obstante, lo reemplazó el juez subrogante Hugo Rebechi, considerado un hombre de su estrecha confianza.
Era no más de las 17 del viernes 18 de marzo cuando efectivos de la Unidad Regional 13 ‑del departamento San Cristóbal‑, de la Dirección provincial de Drogas Peligrosas y de la Guardia Rural Los Pumas interceptaron una pick up Peugeot 504, en el cruce de las rutas 1 y 23, en el límite de las provincias de Santa Fe, Córdoba y Santiago del Estero. El conductor advirtió la presencia policial, detuvo la marcha, giró en “U” y tomó un camino lateral de tierra para alejarse del lugar. Los uniformados salieron raudamente y lograron detenerlo a unos 8 kilómetros.
El primer policía que encaró a quien manejaba la camioneta, el agente de Los Pumas, Claudio Román Ramón Capdevilla ‑de 30 años de edad y oriundo de la ciudad de Vera‑ se encontró con una inusual respuesta: “Estoy hasta las manos; llevo más de 150 kilos de marihuana atrás”. Al inspeccionar la camioneta, en la caja del vehículo, descubrieron varias bolsas de gran porte que contenían numerosos panes compactados y rectangulares de de marihuana, precintados con cinta de embalar, de diferente tamaño y peso, que habría salido desde Paraguay. Eran 154 kilogramos, con un valor estimativo de 900 mil pesos, según los cálculos.
Además del cargamento, los efectivos secuestraron la camioneta y detuvieron a su conductor, identificado como Aldo Francisco Ferrero, un comerciante domiciliado en la ciudad cordobesa de Morteros, quien fue trasladado a la comisaría 5ª de la localidad de Suardi, pero el caso quedó en manos del juez federal de Reconquista, Eduardo Fariz, quien tiene jurisdicción en tal zona.
El magistrado se encuentra en el cargo por obra y gracia del ex senador nacional menemista Jorge Massat (PJ‑Santa Fe), denunciado por enriquecimiento ilícito, en una causa con movimientos millonarios y lavado de dinero que aún tiene el fiscal capitalino Paul Starc desde el año 2000. Cuando la causa por “transporte de estupefacientes” llegó a Reconquista, el juez Fariz no se encontraba en la ciudad (estaba en Capital Federal, al parecer, ocupándose de su defensa por las graves denuncias que tiene en su contra en el Consejo de la Magistratura de la Nación) y fue reemplazado por un subrogante.
El expediente quedó en manos del cuestionado abogado reconquistense Ricardo Degumois, cuyo rol, como defensor de narcotraficantes o contrabandistas en graves casos que pasaron por ese juzgado en los últimos cinco años, es conocido. Incluso, siempre se ha ufanado de lograr la libertad de la mayoría de ellos, pese a pruebas contundentes, lo que ha motivado más de una crítica por cierta connivencia con Fariz y algunas denuncias públicas por la impunidad de su manejo. Degumois, como subrogante, llegó a tomarle la primera declaración al imputado Ferrero.
Inexplicablemente, a los pocos días, retornó Fariz, asumió la causa y Degumois, en el mismo caso, se transformó en el abogado defensor del imputado Ferrero. El lunes 1 de agosto, el juez Fariz optó por pedir licencia por enfermedad, con un certificado extendido por su hermano médico. Esa misma mañana, el abogado Degumois pidió la excarcelación de Ferrero. De esa manera, Fariz se garantizó el hecho de no tener que resolver un caso que le quemaba las manos. Dos días después, el abogado logró el dictamen favorable del fiscal federal de Reconquista, Cristobal Cavanagh. Al día siguiente, la Cámara Federal de Resistencia ‑de quien depende el Juzgado Federal de Reconquista‑ nombró como juez subrogante al abogado Hugo Rebechi, considerado “un hombre de estrecha confianza” de Fariz. El letrado reconquistense no dudó en ordenar la excarcelación del imputado Ferrero, argumentando que no contaba con antecedentes, que tenía hijos menores y que en la causa no existían indicios de que pudiera burlarse del accionar de la justicia. Rebechi nunca tuvo en cuenta que Ferrero había intentado fugarse o que a poco de llegar a Reconquista fue trasladado a las celdas de la ciudad de Vera porque se lo consideraba “peligroso” y debía estar bajo “máxima seguridad”, ya que se calculaba que podía escapar.
El viernes 5, a las 19.30, Ferrero quedó en libertad junto a otros detenidos, también de casos de narcotráfico. Estaba procesado por un delito que prevé una pena de entre 4 y 15 años, pero quedó libre. En el mismo juzgado hay un preso, llamado Matías Pérez, que está detenido hace 7 meses por “comercio de estupefacientes”, tras encontrársele cuatro bochitas de marihuana. Por esas extrañezas de la vida ‑que suelen suceder regularmente en el Juzgado Federal de Reconquista, donde son demasiadas las irregularidades que aparecen en varios casos‑ los familiares de Ferrero, que habían llegado desde Morteros (Córdoba) ya lo estaban esperando desde las primeras horas de la tarde. “Quedó claro que alguien les avisó varias horas antes, sabiendo de antemano que la resolución iba a salir sí o sí”, se indicó.
Al día siguiente, a las 7 de la mañana, apareció muerto el principal acusador de Ferrero, el policía Capdevilla. Estaba solo en la camioneta de la Guardia Rural Los Pumas, en un paraje cercano al poblado de Villa Trinidad (Departamento San Cristóbal), con un balazo en la cabeza. El auto Corsa Chevrolet se encontraba volcado, con el policía adentro. El arma estaba sobre la mano izquierda de Capdevilla, pese a que siempre se supo que era diestro; en su mano derecha tenía un aparato celular. “Fue un claro suicidio; tenía en la mano izquierda restos de pólvora y aparentemente se debió a trastornos sentimentales con una mujer de la zona, quien lo había abandonado”, indicó un vocero policial y se optó por dejar todo como estaba. Nadie se preguntó, por un instante, si no eran demasiadas las coincidencias y si el episodio no constituía un claro mensaje mafioso.
Fuente:www.rosario-12.com.ar