Según los parámetros de la Organización Mundial de la Salud, por encima de los 70 decibeles (dB) los sonidos ya resultan molestos, y si superan los 90 se vuelven dañinos.
Hace 30 años, el nivel acústico en las calles en Buenos Aires estaba entre los 50 y los 60 dB. “Hoy los niveles indican que los valores superan los 70. Podemos decir que el nivel de ruido ha aumentado 10 dB en estos años”, afirmó Daniel Gavinowich, del Departamento de Acústica y Electroacústica de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
El aumento en tres decibeles de un sonido representa para el oído humano el doble de volumen. “Lamentablemente, hace tiempo que dejaron de existir las llamadas islas acústicas, que eran calles que tenían muy bajo nivel de ruido”, añadió el especialista.
La contaminación acústica aumenta en el mundo de la mano de la modernización y el crecimiento de las ciudades. Y el causante principal es el sistema de transporte urbano. Para combatirlo, los países desarrollados diseñan estrategias de planeamiento urbano y aplican severos castigos a quienes infrinjan leyes en ese sentido.
“El primer problema por solucionar es el control del transporte urbano. Aquí, en un radio que puede calificarse como pequeño, funciona un vasto sistema de transporte público. Y esa cercanía también incide”, dijo Gavinowich.
Aunque con algunas observaciones coincide Silvia Cabeza, presidenta de la asociación civil Oír Mejor, que, entre otras cosas, mide los niveles de ruido en distintas esquinas y lugares públicos porteños.
“El punto es que no hay un diagnóstico de ruido en la ciudad de Buenos Aires, porque carece de un mapa acústico. Con la cantidad de gente que tiene la Capital y el inmenso parque automotor que circula diariamente por aquí, es necesario un mapeo para controlar y modificar la situación”, explicó Cabeza.
Es por eso que Oír Mejor presentó un proyecto de ley en la Legislatura porteña, actualmente en debate en las comisiones de Ecología y de Salud, para que sea obligatoria la confección de un mapa acústico anual.
“Ese elemento fundamental revelará cuán enfermos estamos de ruido. Porque en Buenos Aires hacer ruido no es delito. Todavía”, advirtió Cabeza.
En Buenos Aires existe una ordenanza, la 39.025, que se refiere a fuentes fijas de ruido, pero no a las móviles, que son las más graves.
Falta de controles
“Hay que regular el funcionamiento de los colectivos, los camiones y las motos. A las que andan por la ciudad haciendo delivery hay que controlarles los caños de escape”, agregó Cabeza.
Juan Manuel Velasco, titular de la Comisión de Ecología, explicó que el proyecto en estudio establece la obligación del Poder Ejecutivo de tener un sistema permanente de medición de ruidos en todas las zonas de la Capital.
Esa información debería cotejarse con una tabla incluida en la norma, la que establecerá los niveles máximos permitidos de ruido para zonas residenciales, comerciales o industriales.
Pablo Mesa, coordinador de programas ambientales del gobierno porteño, coincidió con el legislador, con quien colabora.
“Lo más importante, la diferencia sustancial con este nuevo proyecto, es analizar la contaminación acústica e incluirla como un tema urbano ambiental”, dijo Mesa.
En el mismo sentido, la Fundación Ciudad realiza estudios periódicamente sobre el asunto.
“Seguimos sosteniendo que el principal causante es el tránsito. En las consultas que realizamos a los ciudadanos, encontramos que el tema preocupa”, contó Javier García Elorrio, representante de la ONG.
Según una encuesta encargada por esa fundación a Gallup, el 54 por ciento de los consultados contestó que Buenos Aires es una ciudad muy ruidosa; el 34% dijo que es bastante ruidosa; el 5%, poco ruidosa, y el 4%, nada ruidosa.
Pantallas acústicas, asfalto y velocidad
José Pedro Barragán vive en un departamento vecino a la autopista 25 de Mayo. Pero su vida no es sencilla. A pesar de que la Justicia resolvió que la empresa que opera la autovía tomara medidas para disminuir el nivel de ruidos, la solución no llega. Tras dos fallos, en primera y en segunda instancia, contra AUSA, y un recurso presentado por esa empresa, la decisión está ahora en manos del Tribunal Superior de Justicia porteño.
Mientras tanto, en AUSA se explicó a LA NACION que la firma encargó el diseño de un mapa de ruido para instrumentar un plan de remediación acústica. “Los resultados de las mediciones se conocerán en pocos días. Al margen de lo que se resuelva en el orden judicial, AUSA está encarando esto como un problema por solucionar”, dijo un vocero de la empresa.
Es que las pantallas acústicas no siempre son la solución. “Ese es un paliativo para las personas que viven a la altura de la autopista; pero no para las que viven por encima”, explicó Andrés Nápoli, de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN). AUSA agregó que hay otras soluciones que se están evaluando, como el cambio del tipo de asfalto y la reducción de velocidad en algunos tramos.
El nivel elevado de ruidos que sufren los porteños también los persigue bajo tierra. El subte en Buenos Aires no es precisamente silencioso.
Tras una evaluación del nivel acústico, Metrovías comenzó con un plan de obras cuyo objetivo es reducir el impacto acústico con la colocación de paneles fonoabsorbentes. “Hasta el momento, se revistieron 2600 metros en la línea C, desde la estación San Martín hasta Moreno. Y, en la línea D, se han colocado entre las estaciones Carranza y Juramento y los trabajos continúan”, indicaron voceros de Metrovías.
Dónde reclamar:
* Si el ruido proviene de un emprendimiento habilitado por el Gobierno de la Ciudad: comercio, industria, etc., los porteños pueden defenderse apelando a la ordenanza 39.025/83. La denuncia en este caso se debe hacer ante la Dirección General de Control Ambiental, 4805-9958/480-6549.
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* Si el ruido proviene del ámbito privado: departamentos o casas vecinas, el que rige es el Código Contravencional, ley 10, art. 72 y modificatorias. La denuncia la reciben en las fiscalías contravencionales o por medio de los teléfonos 0800-333-47225 y 4959-1400/1405/1406.
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* Si el ruido proviene del tránsito: vehículos que exceden los límites permitidos, hay que apelar a la ley nacional de tránsito, la N° 24.449. La denuncia la recibe la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), por medio del teléfono gratuito 0800-333-0300.
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Otros lugares de denuncia o reclamos son el centro de información ciudadana, por el 0800-222-48323 o por el 0800-888-32466; los Centros de Gestión y Participación (CGP): 0800-222-2247, y la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, por el 4338-4900.
Fuente:RedDIP