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La justicia debe valer para todos

La marea de la crisis está mojando los pies de funcionarios que podrían ser culpables por acción o por omisión de los descontroles en Ezeiza y de la facilidad con que se movía la compañía Southern Winds.

El propio Kirchner aclaró en su momento que él nunca acusó a ningún brigadier de complicidad con el tráfico de drogas, como dedujo la oposición. Simplemente se manifestó contrariado por el ocultamiento del caso de las valijas que llegaron a Madrid con 60 kilos de cocaína, ocurrido más de cuatro meses antes de que se enterara.

Toda organización militar tiene además reglamentos y costumbres propias: el movimiento de un jefe puede provocar la caída de varios por el sistema de promociones y antigüedades.

Esta vez, el enojo presidencial tuvo la comprensión, al menos, de varios dirigentes de la oposición, aun de los que discrepan de su política militar. “La Fuerza Aérea no debió ocultarle semejante información al Presidente durante tanto tiempo; es inadmisible si se quiere preservar el sentido de la autoridad”, señaló un dirigente radical largamente vinculado con las cuestiones militares.

Pero la ignorancia presidencial es culpa también de otros sectores de la administración. Dentro del Gobierno, la primera responsabilidad recae en la SIDE. ¿Cómo fue posible que un trasiego de informes entre la Guardia Civil española e Interpol de Argentina (sobre el caso de las valijas en el aeropuerto de Barajas) no fuera advertido por ningún espía oficial? ¿El caso no provocó acaso un revuelo dentro del propio aeropuerto de Ezeiza, donde todas las cúpulas que circulan ahí sabían todo? ¿La SIDE no se enteró de nada? La única explicación para semejante despiste consistiría en que los servicios de inteligencia están demasiado ocupados en averiguar los menesteres de la política local. La primera información que le llegó al Presidente fue a través de la SIDE, pero sus espías estaban siguiendo las investigaciones periodísticas y no las correrías de los narcotraficantes.

En el gobierno de Kirchner, la SIDE está bajo control exclusivo de los amigos más íntimos del Presidente. Tan íntimos que su jefe ha sido gobernador de Santa Cruz y el ex jefe es el actual gobernador de la provincia que Kirchner controla con mano férrea. Interpol es una dependencia dentro de la Policía Federal. Interpol no sólo recibió los informes de la Guardia Civil española, sino también el pedido de captura de Walter Beltrame cuando éste estaba prófugo.

Los abogados de Beltrame aseguraron que su defendido nunca estuvo fuera del país y que sólo vivió en casas familiares de la Capital y el Gran Buenos Aires. Interpol no lo buscó, entonces. ¿Tampoco le informó de nada al Ministerio del Interior, cartera de la que depende la Policía Federal?

Funcionarios del gobierno (y, sobre todo, el secretario de Transporte, Ricardo Jaime) tenían una fluida relación con la empresa Southern Winds, beneficiada con subsidios oficiales por más de 30 millones de dólares durante el gobierno de Kirchner. Esos subsidios eran atesorados por la familia Maggio y defendidos por Jaime, al punto que virtualmente le cerró las puertas a la empresa chilena Lan-Chile, dispuesta a competir en el mercado aéreo argentino. Beltrame declaró ante el juez (en una larga confesión acompañada de documentos y pruebas) que Jaime contaba con permanentes pasajes de favor de SW y que los aviones debían despegar en el acto cuando viajaban el funcionario o su esposa, aun cuando dejaran pasajeros en tierra. Informes periodísticos, ratificados por legisladores, señalan que un comodoro de la Fuerza Aérea fue relevado del cargo por demorar media hora, por razones técnicas, la autorización para decolar de un vuelo de SW en el que viajaba la esposa de Jaime.

Si esto fuera cierto, estaríamos ante un acto de autoritarismo y arbitrariedad sólo comparable con el feudo santiagueño de los Juárez. El juez Carlos Liporace, que escuchó a Beltrame, no descartó ayer la citación de Jaime para que testimonie en el caso. En rigor, el Gobierno comenzó a tomar distancia de Southern Winds cuando tuvo información previa de que Beltrame contaría todo ante el juez y que tenía papeles y pruebas en sus manos. La versión de la empresa de que se trata sólo de cuatro empleados infieles es altamente improbable. Las valijas que llegaron a Madrid pasaron, según las constancias en la causa judicial, por dos escáneres: uno de la empresa de seguridad TAS, contratada por la propia SW, y otro de la Policía Aeronáutica. La droga no fue advertida por ningún inspector. Un tercer control más aleatorio, el de la Aduana, no era riesgoso para los traficantes: ese organismo no revisaba los vuelos de Southern Winds desde hacía mucho tiempo. La propia denuncia de Christian Maggio como testigo de identidad reservada es llamativa.

Desde ya, no correspondía esa calificación de reserva, porque estaba denunciando un delito cometido por su propia empresa. La denuncia, además, fue hecha quince días después de que el caso fuera descubierto por la Guardia Civil española. Esto es: o hacían la denuncia en la Argentina o se verían frente a una investigación judicial en España. En las últimas horas surgió un dato no conocido hasta ahora: una de las rutas internacionales de Southern Wins es un vuelo semanal entre Córdoba y la ciudad peruana de Tacna. “Tacna es conocida por la literatura de Vargas Llosa y por el tráfico de drogas”, disparó la diputada Alicia Castro, que también aseguró que esos vuelos se hacen, por lo general, casi sin pasajeros.

Una denuncia desde dentro de la empresa señala que un féretro viajó varias veces entre Córdoba y Tacna. No se sabe si se trata de un alma en pena, indecisa sobre su tumba definitiva, o si el féretro llevaba algo más que un muerto. El embajador peruano en la Argentina, Martín Belaúnde, aclaró en el acto que Tacna es una ciudad próspera y laboriosa de Perú, aunque no desconoció “el problema de drogas” que afecta a Tacna y a su país. Se mostró “estupefacto” por las declaraciones de la diputada Castro y se comprometió a realizar nuevas averiguaciones sobre esos vuelos. Kirchner ha cuidado siempre al Ministerio de Planificación con especial cariño. Julio De Vido es su amigo desde Santa Cruz y Jaime depende de esa cartera.

El Presidente dejó trascender muchas veces sus molestias con ministros como José Pampuro, Rafael Bielsa o Roberto Lavagna. Jamás se ha filtrado nada sobre De Vido y su polémico ministerio. Pero esta vez las disidencias no refieren a las políticas ni a la gestión. Kirchner no debería manchar su fama de indoblegable justiciero dejando caer el sable del verdugo sólo hacia un lado.

La justicia, si es justicia, vale para todos.

Por Joaquín Morales Solá

Fuente:www.lanacion.com.ar

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