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Por primera vez, el Vaticano deberá dar explicaciones ante la ONU por abusos sexuales.

El Vaticano dará explicaciones por primera vez el jueves a los expertos del Comité sobre los Derechos del Niño de la ONU a propósito de los abusos sexuales cometidos contra menores por parte de religiosos católicos, un escándalo que ha sacudido a la iglesia de todos los continentes.

Se trata de la primera vez que la Santa Sede es cuestionada por una entidad internacional por haber encubierto por décadas a curas pedófilos.

El comité de la ONU, con sede en Ginebra, deberá divulgar luego su informe acerca de la aplicación por parte de los 193 Estados miembros, entre ellos la Santa Sede, de la convención que protege a los niños.

El comité no tiene poderes sobre la aplicación de la ley, pero un reporte negativo podría resultar un golpe para la Iglesia católica presidida desde marzo por Francisco, quien se comprometió a cambiar el rostro de la institución tras los escándalos que la han desprestigiado.

El Vaticano ratificó la convención de la ONU en 1990 mucho antes de que se multiplicaran las denuncias primero en Irlanda y Estados Unidos y luego se extendieran a medio mundo, inclusive a América Latina.

En 1995 la iglesia estableció que toda denuncia de abusos a menores por parte de curas debe ser notificada a la Congregación para la Doctrina de la Fe.

En el 2011, sacudida por la magnitud del fenómeno, el Vaticano ordenó a todos los obispos del mundo que denuncien a la justicia ordinaria del propio país a los miembros del clero acusados de pedofilia.

Monseñor Charles Scicluna, considerado una de las personalidades más severas de la jerarquía católica, fue escogido por el Vaticano para responder en Ginebra al cuestionario de la ONU, según informó AFP.

El silencio de la Iglesia
Asociaciones de víctimas de sacerdotes pedófilos, sobre todo de Estados Unidos, han criticado a la Santa Sede por evitar dar informaciones sobre los casos y quieren saber si fueron denunciados a la autoridad judicial o si han sido encubiertos por la jerarquía de la Iglesia.

Una instrucción de 1962 obligaba a todos sus miembros guardar silencio sobre los casos bajo pena de excomunión y, aunque el documento fue modificado a lo largo de los años, la esencia se mantuvo incluso en la revisión de 2001: ante casos de abusos sexuales, secreto absoluto.

"Así se procedió en todos los países, eso es una bomba. Al cura abusador se le cambiaba de lugar para no crear un escándalo o se le daba atención psicoterapeuta durante un tiempo para volver a reintegrarlo. Nunca nadie les dijo a los obispos que denunciaran los casos ante la justicia", denunció ex sacerdote mexicano Alberto Athié en declaraciones a El País.

Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI han pedido perdón público a las víctimas de abusos y decidieron ordenar la llamada "tolerancia cero" de cara a toda denuncia.

Sin embargo, la Santa Sede se negó en diciembre a responder al cuestionario de la ONU enviado en julio en el que se le pedía explicaciones sobre los casos que examina la Congregación para la Doctrina de la Fe.

La jerarquía de la Iglesia católica se limitó a recordar al organismo de la ONU que la Santa Sede, como Estado, no tiene jurisdicción legal por los abusos cometidos por curas en otros países.

"No hay dudas de que la competencia legal no es de los obispos y las conferencias episcopales", precisó en un comunicado.

La cúpula, en la mira
Organizaciones y víctimas estadounidenses, europeas y mexicanas aprovecharon la ocasión para hacer llegar al Comité en Ginebra informes con sus denuncias y numerosos casos de pederastia documentados.

Desde México, que presenta más de 200 incidentes particulares, 169 organizaciones y ciudadanos, algunos de ellos víctimas,solicitan que el caso sea tratado como un crimen de Estado y que el Vaticano sea juzgado por las Naciones Unidas, aunque eso solo podría producirse en otro proceso ya que el Comité se limita a hacer una evaluación.

Para el Vaticano la amplia investigación eclesiástica interna debe ser mantenida en secreto para proteger tanto a las víctimas como a los testigos, pero sí invita a las iglesias locales a colaborar con la justicia ordinaria de cada país.

La reunión de Ginebra se celebra justo cuando la congregación ultraconservadora Legionarios de Cristo celebra una asamblea extraordinaria en Roma para decidir su futuro después de haber ocultado por décadas los horrores cometidos por su fundador, el mexicano Marcial Maciel, entre ellos el haber abusado de los hijos que tuvo con dos mujeres, a las que engañaba diciendo que era soltero, así como su adicción a la morfina y sus negocios oscuros.

El documento elevado a la ONU por las organizaciones mexicanas hace especial hincapié en la figura del fundador de los Legionarios de Cristo. "En el caso de Maciel el encubrimiento es más explícito porque hubo una intervención directa del papa Juan Pablo II", abunda.

En 1994, después de varias denuncias internas, el entonces pontífice nombró a Maciel líder de la Juventud. En el documento enviado a Ginebra también se exige que la Santa Sede paralice el proceso de canonización del polaco Wojtyla, según informó El País.

Víctimas insatisfechas
El papa Francisco creó a inicios de diciembre una comisión para ayudar a las víctimas de curas pedófilos y evitar nuevos casos.

La comisión, creada por consejo de los ocho cardenales que lo asesoran para la reforma la Curia Romana, deberá trabajar con los obispos y las conferencias episcopales y sugerir las medidas a adoptar para la protección de niños.

El nuevo organismo, que no satisface a las asociaciones de víctimas, deberá fijar programas específicos para la protección de los niños y elaborar directivas para la formación del personal que trabaja y mantiene contacto permanente con menores, niños y adolescentes.

Igualmente deberá ayudar a las víctimas de abusos y a sus familiares y colaborar con las autoridades civiles que investigan los casos.

Pese a esa voluntad, una página internet denunció al Vaticano por no autorizar la extradición a Polonia del religioso Jozef Wesolowski, acusado de actos de pedofilia en República Dominicana.

La justicia vaticana está realizando una investigación sobre el caso, pero mantiene el secreto con lo que alimenta las sospechas, sobre todo de las asociaciones de víctimas.

Si bien todo funcionario o eclesiástico que trabaje para la Santa Sede puede ser perseguido por pedofilia en caso de denuncia, la transparencia no parece reinar tras las murallas del palacio apostólico.

Una de las víctimas, el español Miguel Hurtado, miembro de SNAP (Survivors Network of those Abused by Priests), sostiene que el Vaticano no ha cambiado de mentalidad de frente a ese fenómeno.

En Estados Unidos, el obispo Robert Flinn, sigue en su cargo pese a haber sido condenado en 2012 por haber encubierto a un cura que abusaba de menores, según informó AFP.

"Si hubiera defendido la ordenación de mujeres o la píldora anticonceptiva ya hubiera sido trasladado. Sólo omitió denunciar el abuso sexual de un menor", ironizó Hurtado.

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