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Un fallo inédito rebaja la condena a una docente por matar a sus padres

Vilma Rosa Arzani es una maestra de Chabás condenada por matar a sus padres en 2004 con alevosía, otro rasgo que deja al autor de un crimen sin más chances que la máxima pena. Pero la docente, de 56 años, pidió una revisión de su condena a perpetua y tres jueces rosarinos la redujeron a 18 años de prisión. En una medida inédita en la provincia, declararon inconstitucional la prisión perpetua como única sanción posible para el homicidio calificado. Un delito que no establece un mínimo para que los jueces puedan graduar la pena.
Arzani fue encontrada culpable de matar a golpes con un palo de amasar a sus padres Alfredo Arzani, de 79 años, y Luisa Gorini, de 74. Cuando la policía descubrió el doble crimen ella estaba con las manos atadas a una silla de su casa y en un contradictorio relato dijo que los habían atacado ladrones. Luego confesó, pero pronto volvió a la versión original. "No sé donde estoy parada. Me siento perdida porque mi vida es algo confusa", dijo en febrero en una entrevista con este diario.

La ley y la persona. Fue condenada por dos crímenes calificados por el vínculo y la alevosía. Esa imputación no deja más margen que la de prisión o reclusión perpetua. Pero como tiene 56 años, tres jueces de la Cámara Penal evaluaron que de aplicarle una pena semejante pasaría el resto de sus días en prisión. Lo que, entienden, desnaturaliza el sentido de la pena, que busca la resocialización y no el castigo del detenido.
En un fallo que sienta precedentes, los camaristas Juvencio Mestres, Otto Crippa García y Ramón Ríos cuestionaron la rigidez del Código Penal a la hora de imponer sanciones únicas en determinados delitos. Consideraron que la escala penal debería ser más flexible para aplicar sanciones equilibradas y ajustadas a la realidad de cada caso.
En el de Arzani, entendieron que la mujer cometió un delito gravísimo, sin un móvil claro, que montó una escena para encauzar la investigación hacia supuestos ladrones y "no mostró arrepentimiento". Pero que si bien pudo comprender sus actos se detectó en ella una "imputabilidad disminuida" por la que merecía pena más leve.
Revisar la escala. Los jueces propusieron revisar los topes mínimos y máximos fijos previstos en el Código Penal porque en algunos casos "conspiran con los principios de la pena". La privación de la libertad, aunque una extendida corriente de opinión reclame lo contrario, no puede entenderse como una venganza por el mal causado: su fin es recuperar al detenido. Y así lo prevén la Constitución nacional, la ley penitenciaria y pactos internacionales en derechos humanos. Por eso, los camaristas evaluaron que "la humanidad de las penas no puede resolverse en fórmulas matemáticas".
Los jueces concluyeron que en el caso de Vilma Arzani no hay circunstancias extraordinarias de atenuación, lo que en casos de parricidio permite bajar la pena. Pero advirtieron que de ser sancionada a perpetua recién podría requerir la libertad condicional dentro de 35 años, es decir, a los 91 años. "Afirmar que tal tratamiento busca la resocialización del condenado no es muy sincero", evaluaron.
Así, estimaron que la aplicación de perpetua como remedio exclusivo para el delito de homicidio calificado contradice el sentido de la pena. Aunque lo hicieron en este caso concreto, el mismo argumento podrá invocarse de aquí en adelante en otras causas. El fallo no modifica el Código Penal: para eso debería impulsarse un proyecto legislativo que en lugar de penas fijas promueva pautas flexibles. No es la primera vez que se cuestiona la rigidez de la pena de prisión perpetua en el país: fue motivo de un fallo similar en Córdoba (ver aparte).

Dos muertes, dos versiones. Vilma Arzani es una maestra soltera que nació y vivió sus 56 años en Chabás. Allí trabajaba en una fábrica familiar de aberturas. Desde que fue detenida por el crimen de sus padres estuvo presa en la comisaría de Los Molinos. En julio el juez de Sentencia Carlos Carbone la condenó a perpetua pero su abogado apeló ante la Sala II de la Cámara Penal, que finalmente decidió rebajarle la pena.

La ambigüedad. Ese día, Vilma dijo que habían sido víctimas de un asalto por parte de personas que habían ingresado por el fondo de la vivienda y que se llevaron 1.500 pesos, 3 mil dólares y dos cadenas de oro. Días después la maestra se quebró: "Sí, fui yo, pero se lo voy a contar sólo a la jueza". u Tenía puestos aros y un anillo de oro que los supuestos ladrones no se llevaron. Tampoco la agredieron y despreciaron un alhajero con joyas que estaba a la vista. u Tiene una "personalidad agresiva". Días antes había golpeado en la cabeza a un proveedor con un palo y a una vecina con una lámpara para robarle. u Sus ataduras eran flojas. u El padre había pedido dinero prestado, lo que no se condice con las sumas que según ella robaron en la casa.

Cuando llegó ese momento contó que a la noche atacó a sus padres a golpes en la cabeza mientras dormían. "Luego fui a la cocina, lavé en la pileta el palo, desordené toda la casa como para fingir que habían entrado a robar y me até y amordacé a una silla. Esto lo hice por problemas de dinero, quería tener todo para mí", declaró. Luego adujo que la habían apremiado para confesar y volvió a la versión de los ladrones. Hubo varios elementos que llevaron a los jueces a creer en su confesión:

Arzani siempre dijo haber vivido atormentada porque a los nueve años fue violada en más de una ocasión por un familiar y responsabilizó a sus padres de silenciar y tapar lo sucedido. Los exámenes psiquiátricos que le practicaron durante el proceso concluyeron que, si bien es responsable de sus actos, se detectó en ella una "disminución de sus capacidades que la insertan en la categoría de imputabilidad disminuida". Por eso, con el voto en disidencia del juez Crippa (quien pretendía una pena de 27 años) le redujeron la pena a 18 años de prisión tras romper el molde de la prisión perpetua.

Aunque el abogado dijo que no había pruebas para endilgarle el doble crimen, para el tribunal no hay dudas de que ella mató a sus padres la noche del 8 de febrero de 2004 en la vivienda familiar de Chabás. Mientras los ancianos dormían y con golpes en la cabeza con un palo de amasar.

El doble crimen fue detectado esa madrugada, cuando un vecino de los Arzani oyó pedidos de auxilio desde la vereda y avisó a la comisaría. En medio de un tremendo desorden, Vilma estaba amordazada y atada a una silla cerca de la puerta. Sus padres estaban muertos sobre su cama, con las cabezas destruidas a golpes.

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