Un fallo de los camaristas Mauricio Mizrahi, Jerónimo Sansó y Claudio Ramos Feijóo, de la Sala B de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, consideró que la falta de amor es causal de divorcio, una sentencia que es toda una novedad. Los jueces dieron el primer paso cuando se negaron a afirmar que un hombre era el culpable de un divorcio por haber cometido adulterio.
La noticia, extraída del diario Crítica de la Argentina en su edición digital señala que según el argumento de quien entonces era su mujer -no trascendió la identidad de ninguno de los protagonistas de la querella- descubrió que su marido le era infiel: se separaron en 1997 y en febrero de 1998 él se mudó a Bahía Blanca a vivir con su nueva pareja.
Pero los jueces no encontraron pruebas del adulterio mientras convivían. Sin embargo, quizá cansados de las eternas acusaciones mutuas de las partes cuando un amor se termina, los magistrados decidieron no quedarse con los brazos cruzados y reflexionaron sobre la demanda.
Según el fallo, "las figuras de un culpable y de un inocente en el divorcio podrían constituir una sentencia arbitraria. En estos procesos es harto improbable la determinación, con un grado de certeza, del real responsable -si es que existe- del fracaso conyugal".
Es decir, antes de afirmar que la causa de la ruptura es la infidelidad y ponerse a buscar culpables e inocentes propusieron considerar la situación previa de "falta de amor en una relación".
Los jueces citaron al reconocido civilista Guillermo Borda y se preguntaron "quién es el culpable de la ruptura matrimonial, si el que comete el adulterio o abandona el hogar, o el otro cónyuge que con su frialdad y su desamor ha provocado aquella reacción". Y sin pronunciar un "inocente" coincidieron en que era preferible dictar el divorcio por causas estrictamente objetivas.
En este caso, la prolongada separación de la pareja, que ya llevaba once años separada sin voluntad de volver a unirse. Razón suficiente para resolver el divorcio. "Con o sin engaño, y con o sin conocimiento de la esposa de la nueva relación anudada por su cónyuge, la verdad ha sido que la convivencia normal matrimonial no se restableció en ningún momento", dijeron los jueces, y decretaron el divorcio.
El contenido de la sentencia y las reflexiones sobre el amor conmovieron a quienes transitan por los circunspectos pasillos de Tribunales. "Mizrahi hizo una elaboración muy sensible en el fallo, muy de esta época, donde hace entrar al amor cuestionando las causas subjetivas tradicionales que se consideran en los divorcios", explicó el abogado Osvaldo Ortemberg, especialista en derecho de familia y divorcio.
"Cuando surgió la primera modificación de divorcio voluntario, la ley estableció que el matrimonio podría pedir al juez que los divorcie invocando causas subjetivas. Pero esas causas podrían ser adulterio, injurias graves, abandono del hogar, atentado contra la vida y otros maltratos graves."
Según la experiencia de Ortemberg, había parejas que se presentaban ante el juez diciendo la verdad: que no tenían una mala opinión de su pareja o que nada de eso había ocurrido sino que simplemente ya no se querían. El juez no lo consideraba un hecho claro o suficiente, no los divorciaba y no se podía apelar.
"Es cierto que muchas veces hay situaciones de engaño por una crisis en la pareja, aunque no necesariamente esto quiera decir que la relación se tiene que terminar", comentó Ana María Muchnik, coordinadora del Departamento de Investigacion Psicoanalítica de la familia y la pareja de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).
"Lo interesante de esto es que en una pareja en la que se dejan de querer y que consideran que no pueden remontar su relación, puedan separarse sin mentiras ni engaños afrontando la situación", opinó.
Aunque cuestionar y medir el amor es un proceso largo y complejo, Muchnik coincidió en que "es importante que los jueces, que tienen tanta responsabilidad de fallar sobre una relación, puedan cuestionarse otros aspectos que tienen que ver con los sentimientos, los afectos, las situaciones escondidas de lo que está a simple vista.
Es un proceso complejo pero es fundamental respetar los derechos que tienen que tener los afectos". "No hay sentencia que obligue a que alguien ame a otra persona", concluyó Ortemberg. "Esto que Mizrahi trae es muy bueno para que los abogados lo leamos y nos enamoremos también de esas palabras, además del Código Civil."