Cuatro son las personas demandadas ante el Juzgado Civil y Comercial de la 1ª Nominación por quien figura como titular del boliche, Stella Maris Alegre, aunque de hecho, el que "da siempre la cara como dueño es un hombre" llamado Diego Vitale, indican los demandados.
Entre los denunciados por Alegre figura Devora Perelli, que vive a media cuadra de Jump, aunque en su patio -asegura- la cumbia se escucha en las madrugadas como adentro del mismo boliche.
Pero ese no es el único, ni el peor, de los problemas que padecen los vecinos. Se suman todo tipo de desmanes, rotura de ventanas y vidrieras, mugre, altísimos niveles de ruido en la calle, peleas graves y frecuentes disparos antitumulto por parte de la policía.
Desde 2003. Aunque parezca mentira, los reclamos empezaron en septiembre del 2003, mientras el local funcionaba sin habilitación. "Simplemente fuimos a la Municipalidad a preguntar qué era eso", recordó Perelli. La respuesta a esa pregunta fue una primera clausura.
En diciembre del 2004, ante un intento de reapertura, los vecinos presentaron un registro de oposición y el municipio negó la habilitación a Jump. En enero del 2006, cuando el dueño trataba de abrirlo como boliche, volvieron a presentar otro registro, esta vez ante escribano público.
Durante la primera mitad del año, recordó la mujer, Jump no pudo abrir bajo ese rubro, pero en septiembre los vecinos volvieron a advertir movimientos nocturnos y en diciembre reinauguró como "bar con amenización musical".
"Pedimos información a (la Dirección de) Inspección, pero nunca nos respondieron y de hecho el supuesto bar siempre funcionó como boliche", recordaron los vecinos.
¿Qué significa eso? Para Perelli, por ejemplo, que "en vez de abrir a las 22 lo haga después de la medianoche, que no tenga ventanas ni se pueda ver hacia adentro, que tenga poquísima luz, que se baile en pistas, que lleven grupos de música, que no paren hasta las 8 de la mañana aunque cierren antes las puertas".
"Sin problemas". A menos de un mes de reabierto, Jump tuvo su primera clausura por superar el nivel de sonido permitido, pero al poco tiempo volvió a funcionar. Dos meses después los vecinos pidieron una reunión con el entonces titular de Gobierno, Fernando Asegurado, quien según Perelli sólo les respondió que con ese bar no existían problemas.
Esa misma semana, sin embargo, fue clausurado por Minoridad de la policía no sólo porque adentro se vendía alcohol a menores, sino también porque algunos de ellos estaban trabajando. El cierre duró algo más de dos semanas y los vecinos volvieron con sus infructuosas quejas al municipio.
"Así llegamos a septiembre pasado, siempre sin respuestas, hasta que se armó un tiroteo de aquellos", contó la vecina. De ese incidente surgen datos más que elocuentes (ver aparte). Por ejemplo, que a las 4.30 el boliche cierra sus puertas y muda a sus clientes a otra pista más adentro del local.
Apenas un mes después, a los cuatro vecinos encargados de llevar y traer notas al municipio les "cayó una demanda judicial". En rigor, un amparo que interpuso la dueña legal del boliche porque sus denuncias "le impiden la actividad comercial", se indignó.
Pero la frutilla del postre, recordó Perelli, se produjo el sábado a la madrugada, cuando recién después de que tres personas resultaran heridas por una chica con un arma blanca (dos de ellas fueron internadas) dos inspectores le pusieron a Jump la faja de "cese de actividad".
Temor fundado. "Esto fue demasiado lejos, ahora nos preguntamos: ¿cuándo volverá a abrir como si nada?, se desesperaron ayer los vecinos.
La respuesta, provisoria, llegó de boca del titular de Inspección municipal, Luis Baita. "Hoy ese boliche tiene un cese de actividades preventivo de la Municipalidad por los hechos ocurridos el sábado", dijo, al menos "hasta que se expida la Justicia". El funcionario admitió que "se han detectado otras transgresiones", por lo que las actas y antecedentes fueron elevados al Tribunal de Faltas.
Postales de un local amenizado
En su edición del 3 de septiembre último, La Capital dio cuenta de un hecho policial ocurrido en lo que la víctima de un itakazo definió siempre como el "boliche" Jump.
La chica, de 19 años, denunció haber sido herida en medio de una gresca protagonizada por dos patotas. También contó que, como a las 4.30 el boliche debía cerrar sus puertas, el dueño habilitó otra pista de baile que no aparece con facilidad a la vista de quienes asisten al local.
"Te hacen entrar (a la segunda pista) por un pasillo y de afuera parece que el boliche estuviera cerrado", confió entonces la joven. En ese lugar, continuó, un grupo bailaba y saltaba exaltado. "Estaban borrachos y empujaban a los demás", dijo, hasta que se armó una "batalla campal".
La pelea siguió afuera e incluyó intercambio de disparos, del que participaron los conductores de una moto y un auto, y otro hombre que, aunque la chica dijo que era un policía, la fuerza definió luego como un "patovica no identificado". Lo que se dice toda una postal de un "bar con amenización musical".