A quienes ejercían este oficio o profesión, se les llamó también "subastadores", que proviene de la palabra subasta. En las primeras comunidades, anteriores a la era Cristiana, los pueblos nómades convergían en un lugar, donde intercambiaban en trueque o vendían mercaderías y efectos. Los lugares de venta se señalaban con un asta clavada en el suelo con un trapo a modo de bandera que indicaba esa ubicación, y debajo colocaban en exhibición lo que ponían a la venta. De allí la expresión "subasta" que se compone del vocablo "sub" (bajo) y "asta", o sea "bajo el asta".
Se los distingue asimismo con la denominación "rematador", el que pone fin a una cosa. La expresión nace de los remates en sede judicial, con la venta de los bienes embargados para pagar una deuda.
Sin embargo, ha sido la denominación "Martillero Público" la que distingue a esta actividad, que desde su reglamentación en el Código de Comercio, hace ya 150 años, fue evolucionando hasta convertirse en una profesión a la que se accede con título universitario, a partir de la sanción de la Ley 25.028.