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La Justicia investiga si falsificaron la firma del Presidente en dos decretos

Las dos firmas se supone que son de Néstor Kirchner, sólo que una no se parece en nada a la otra. No sería grave si fueran autógrafos del Presidente, pero son rúbricas de decretos oficiales, ahora bajo una inédita investigación de la Justicia.

Los decretos cuestionados son el 737, del 4 de setiembre de 2003, y el 790, firmado 14 días después. Salieron publicados en el Boletín Oficial, con firmas de Kirchner y del ministro de Defensa, José Pampuro. Ordenaban un sumario militar a tres generales de la dictadura que avalaron por TV la represión.

Las diferencias entre las firmas del Presidente entre uno y otro decreto están a la vista de ojos inexpertos en pericias caligráficas. En el primero, es una firma en dos tiempos, de forma cuadrada; en el segundo aparece recostada hacia la derecha y da la sensación de haber sido hecha de apuro. ¿Por qué son tan diferentes? Eso es lo que deberá averiguar el fiscal a cargo de la investigación, Carlos Rívolo, que en sus pedidos de informes al Gobierno, y por la cantidad de pericias que encargó, deja traslucir una sospecha: parece haber algo raro.

El expediente para determinar la legitimidad de las firmas —las de Pampuro también están en dudas— se originó a pedido del abogado Rafael Sarmiento, ex juez federal y ahora defensor del general retirado Ramón Genaro Díaz Bessone, uno de los tres a quienes iban dirigidos los decretos. Los otros dos generales son el ex dictador Reynaldo Bignone y el ministro del Interior, también de la dictadura, Albano Harguindeguy. Los tres fueron puestos a disposición de la Justicia Militar con el primer decreto y sus casos fueron elevados para la evaluación de sentencia (siempre en la Justicia Militar) con el segundo decreto.

De acuerdo a una pericia, puede presumirse imparcial, que encargó el abogado Sarmiento, ninguna de las dos firmas del Presidente son de su puño y letra, y tampoco es auténtica la firma de Pampuro en el segundo decreto. De ser así, se habría adulterado un documento público esencial: el Boletín Oficial se supone como el registro público de todos los actos de gobierno.

La pericia de Sarmiento es contundente al sostener la teoría de la falsificación. Y al comparar las dos firmas, dice que son “burdamente desiguales”, hechas por dos personas diferentes. Registra estas diferencias:

Firma del decreto 737: presenta un trazado uniforme y está efectuada en dos tiempos. El primero es similar a una letra “N”, con giros amplios en la zona alta y media. El segundo tiempo se inicia en la base, con un giro cerrado sobre la zona alta de la firma, tras lo cual se efectúa un desplazamiento amplio y un nuevo giro. Culmina con un gramma descendente y curvo.

Firma del decreto 790: El primer tiempo ahora se parece a una letra “A” con un giro en la base de distinta dirección, en retroceso, y termina con un desplazamiento lateral, diferente al del decreto anterior. El segundo grupo presenta un trazado final descendiente y recto, diferente al de la primera firma.

El fiscal Rívolo leyó con atención esas conclusiones. Por eso encargó pericias caligráficas oficiales al Cuerpo de Peritos de la Corte y también al decano de los Calígrafos Públicos de la Universidad de Buenos Aires. Tanta precaución responde a “la entidad de la maniobra denunciada”, según dice en el escrito que le envió el 19 de marzo al juez federal Claudio Bonadio.

Si se comprueba que alguna de las firmas es falsa, por supuesto que debería anularse el decreto. Eso es lo que busca, claro, la defensa Díaz Bessone, que amenaza con presentarse como querellante si eso sucede, ya que estaría siendo juzgado por una disposición nula.

Pero lo curioso es que el motivo del decreto no explica de ningún modo una maniobra irregular. Es un decreto que hasta se anunció a los medios y que el Gobierno mostró orgulloso en señal de dureza con los ex dictadores. La intriga es mayor: ¿por qué pudo haber sido adulterada la firma del Presidente y eventualmente la de un ministro?

En principio hay que descartar un viaje de Kirchner al exterior: tanto el 4 como el 18 de setiembre, días en que se firmaron los decretos, él se encontraba en Buenos Aires. El 4 se reunió en su despacho con el jefe del Ejército, Roberto Bendini, justamente para hablar de los generales retirados. El 18 estuvo también en Casa de Gobierno, donde se sacó fotos con Aníbal Ibarra, los dos sonrientes porque el jefe del Gobierno porteño hacía días que había logrado su reelección.

Para resolver el enigma, la Secretaría Legal y Técnica, encargada de redactar los decretos, envió a la fiscalía una copia del Libro de Protocolo de los decretos del Poder Ejecutivo y una serie de firmas auténticas de Kirchner, indubitables, para que ahora se las pueda cotejar con las dos dudosas.

La Secretaría Legal y Técnica de Carlos Zannini es el máximo responsable en la elaboración de los decretos, desde su redacción, pasando por la firma del Presidente o de los ministros, y hasta su publicación en el Boletín Oficial.

Fuente:www.clarin.com

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