La Escuela Juan Vucetich es una de las instituciones formadoras de policías más grande del país. De allí egresan los uniformados que se encargan de la seguridad en el difícil y extenso territorio bonaerense. ¿Cómo egresan? Cuatro profesores de la institución narraron a Veintitrés un panorama desolador y peligroso: maltratos, vejaciones, falta de prácticas de tiro, cadetes que no van a clase porque son obligados a realizar trabajos de albañilería y presiones de las cúpulas hacia los profesionales que dictan clases para que aprueben exámenes, estudios psicotécnicos y psicofísicos, entre otras irregularidades.
La semana pasada, la academia fue denunciada por Jorge Ferreira, padre de Carlos, un cadete de 19 años que fue sometido -según sus dichos- a "palazos en la espalda" y a pinchazos con agujas en las palmas de sus manos (ver aparte). Esta situación ayudó a que los profesores se animaran a hacer públicas sus denuncias sobre lo que ocurre puertas adentro de la Vucetich.
Martín (no menciona su apellido para evitar represalias), un abogado que integra hace más de una década el cuerpo docente del instituto, reconoce con dolor que algunos de los alumnos egresados hace un par de semanas "se habían salteado por lo menos una buena parte de su escolarización o bien tenían alguna falla psicológica grave". Afirma que las postulaciones a la carrera policial son cada año más escasas debido a que la oferta salarial de la Bonaerense "es bajísima en relación a otras fuerzas", por lo que terminan entrando todos los que concurren a los llamados. Y así el nivel de los postulantes "es cada vez peor, incluso se está convocando a jóvenes que fueron descalificados en años anteriores -asegura-. Este año, en los exámenes intelectuales de ingreso, el promedio no superó los dos puntos".
La preparación de quienes egresan, según estos docentes, dista mucho de ser la apropiada para proteger a los ciudadanos: "Por cuestiones de falta de munición, el último curso no ha tirado con pistola prácticamente a lo largo de todo el 2010, como debiera hacerlo para entrenar correctamente. Este fue un año absolutamente silencioso", dice.
Ricardo Cernada, profesor de educación física y defensa personal, con más de 13 años en la institución, prestaba servicios bajo la modalidad de los denominados "contratos basura". En diciembre pasado le retiraron las horas cátedra cuando decidió hacer correr la voz de que iba a buscar auxilio en algún gremio que se animara a respaldarlo. Sobre la falta de municiones para la práctica de tiro, Cernada dice que a menudo "ocurre una situación curiosa": a pesar de que desde la institución alegan que los pertrechos no están, "cuando llegan autoridades a la escuela, de buenas a primeras aparece la munición, y los cadetes, que un rato antes merodeaban por los alrededores, de pronto están tirando con todo tipo de armamentos. La munición está, pero reservada para esos casos especiales".
La falta de armamento y munición a los efectos de la instrucción no es un dato menor. Integrantes de la Bonaerense se han visto implicados en numerosos casos de gatillo fácil durante los últimos años. Cernada, experto instructor de tiro, vincula ambos hechos al sostener que "un arma es un elemento material y requiere de una pericia para manejarla": si el cadete no puede sostenerla en sus manos "para conocer los mecanismos de activación y de seguro y no practicó eso", la teoría "no le va a alcanzar".
En la escuela existe un polígono de tiro. Sin embargo, Martín afirma que fue clausurado por el Renar en el 2008 "por no reunir las condiciones mínimas de seguridad de acuerdo a la normativa": el polígono está en un predio contiguo a las aulas, con todo lo que ello implica. Y a pesar de haber sido rehabilitado "de manera precaria", continúa en iguales condiciones.