Ese sería el origen de una resolución colateral a la del asesinato de Roberto Camino, conocida ayer, donde dos policías fueron procesados por recibir sobornos para facilitar un teléfono móvil a los acusados del complot contra el ex líder de la barra rojinegra.
Y no sólo un teléfono móvil: de las escuchas surgieron datos que indican que los Ungaro pedían a sus familiares que pagaran dádivas a funcionarios de la alcaidía para permitir el paso de bebidas alcohólicas, otros elementos prohibidos y hasta beneficios como elegir en qué pabellón estar y con quiénes como compañeros.
Por esto terminaron procesados el subjefe de la alcaidía, comisario inspector Fernando Arco, y el sargento Vlatko Stipetic, por el delito de cohecho activo. Los hermanos Ungaro, la madre de ambos y la novia de uno de ellos fueron procesados como coautores de cohecho.
Al número dos de la alcaidía también le reprocharon haber desobedecido la orden judicial de allanar la alcaidía al resistir que personal de Asuntos Internos requisara el pabellón donde, suponía el juez Javier Beltramone, estaban los objetos prohibidos.
El VIP. El 27 de mayo pasado en la oficina de Observaciones Judiciales pararon la oreja: desde un teléfono interceptado la madre de los Ungaro, Gladys Ripari, le decía a alguien que estaba yendo a hablar con el alcaide del penal de Jefatura para que cambiara de pabellón a sus hijos. Afirmaba que le pedían 1.500 pesos por cabeza -tres mil por los dos- para pasarlos al pabellón 3 que "es vip".
A partir de ahí la atención se afinó: Gladys le dice a un abogado que "tiene permiso de Arco" para hacer el cambio. El abogado replica que tuviera cuidado con el teléfono frente a la posibilidad de una escucha. En una llamada posterior ambos coinciden en que está todo arreglado para transferirlos. Tras una breve peripecia -alguien parece haberse quedado con la plata para garantizar el traslado- los hermanos Ungaro finalmente pasan de pabellón. "Estaban en el B y se puso una moneda y pasaron al 3", le dice la madre de los detenidos a una persona de nombre Celeste. Traspaso que el juez corrobora posteriormente asentado en el libro memorandum de la Alcaidía Mayor.
Para entonces se constatan llamados desde el teléfono de Gladys a su hijo Chapita : éste habla desde la cárcel con el número 153-741249. Según la resolución judicial era el celular que le habían facilitado.
La llamada que decide al juez a actuar sin demoras se produce el 30 de mayo: Chapita pide a su madre ese día hacer llegar un mensaje al abogado. "Decile que me pase la 25".
Por los datos de la escucha, eso era el liso y llano encargo de organizar el ingreso de un arma de fuego al penal: una pistola calibre 6.25. Cuando allanaron la casa de Chapita sugestivamente se habían incautado balas de calibre 6.25. Eso impulsa la orden de allanar el pabellón para el secuestro de celulares, armas de fuego, bebidas alcohólicas, sustancias estupefacientes y proceder a la detención del sargento Stipetic
Pero cuando los policías de Asuntos Internos llegan a cumplir la medida judicial aparece el comisario inspector Arco diciendo que no se puede entrar. Adujeron que en ese momento se realizaba la visita femenina lo que hacía riesgoso practicar la medida. El fallo judicial dirá que debió cumplir la orden. Que de hecho acató al enterarse de que el juez iba camino al penal para imponerla.
Las figuras. El juez Beltramone procesó al comisario Arco y al sargento Stipetic por cohecho activo, es decir, el que acepta una promesa de pago por hacer o dejar de hacer algo relativo a sus funciones. No se constató que hubieran cobrado dinero pero eso está sugerido en las escuchas y en el hecho objetivo de que tras esos comentarios telefónicos los detenidos fueron cambiados de pabellón.
Las referencias a Arco como parte del acuerdo para ingresar el teléfono para los Ungaro las hace el mismo Stipetic: dice que el subjefe de la alcaidía demoraba el ingreso del celular porque no quería pasarlo estando allí su superior (el comisario inspector Avaro).
Lelio y René Ungaro fueron procesados como coautores de este presunto soborno. Lo mismo la madre de ambos, Glady Ripari, y la novia de Lelio, Melisa Testa.
Casta carcelaria
El juez tachó de reprochable que los encargados de velar por los reglamentos carcelarios generen un "perverso sistema de castas" concediendo beneficios a los que pagan, lo que crea "un mayor índice de conflictividad entre quienes no acceden a estos privilegios". Que en este caso fue un celular y "posiblemente drogas".