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Las pruebas que ligan a un verdulero con el crimen de un jubilado en Zavalla

Una fue el hallazgo de instrumentos musicales de la víctima en su casa. Otra, que un vecino vio una camioneta como la suya estacionada frente a la vivienda el día del crimen. Y la tercera, una conversación en la que hizo referencia a un acordeón del jubilado mientras su teléfono estaba intervenido. En base a esos elementos la jueza de Instrucción María Luisa Pérez Vara lo procesó como autor de un homicidio calificado.

Ese es el tercer crimen en el que fue procesado el verdulero de 34 años. Los otros fueron los de Susana García de Giménez y Concepción Lavore en barrio Parque, donde Santoro trabajaba en la verdulería de su padre. Por los tres hechos fue enviado a juicio bajo la misma figura penal, que prevé prisión perpetua. La medida fue apelada en los tres casos por las partes que pugnan en los expedientes, marcados por recusaciones y críticas a la actuación judicial.

El asesinato de Savini ocurrió el 13 de mayo de 2010. El locutor, de 74 años, vivía solo en una casa de Dorrego al 2300 de Zavalla. Ese día su sobrino fue a visitarlo y advirtió que la puerta estaba cerrada pero sin llave. Encontró a su tío muerto bajo la mesa, apuñalado en el pecho.

El desorden delataba un robo. El sobrino de Savini constató a simple vista que faltaban un acordeón a piano marca Hohner, un órgano Casio y un equipo de música. Luego un vecino contó que ese jueves, alrededor de las 2, pasó frente a la y vio estacionada "una Trafic Master o Sprinter grande" que estaba chocada en uno de los laterales.

Cuando Martín Santoro fue apresado en su casa de Villa Gobernador Gálvez, tras ser ligado a la saga de homicidios en barrio Parque por un llamado anónimo, se encontraron objetos del jubilado en su Mercedes Benz Sprinter blanca, que tenía abollada la puerta corrediza.

La conexión. En el vehículo los policías hallaron unos cajones de verdura vacíos que contenían dos bolsas de consorcio negras. Dentro de esos bultos estaban, entre otras cosas, el órgano Casio robado de la casa de Zavalla, un maletín del locutor que contenía una pandereta, un micrófono y el acordeón de Savini, un amante de la música que todos los días a las 19 conducía un programa de radio en una FM local. También recuperaron un micrófono y un equipo de música.

Todos los objetos fueron reconocidos por el sobrino de Savini. Y el vecino que pasó frente a la casa del locutor la madrugada del hecho identificó el utilitario Sprinter como el que vio entonces.

Cuando lo indagaron por el caso, Martín Santoro dijo ser inocente. Pero un elemento que tuvo en cuenta la jueza para conectarlo con la trama del homicidio fue una conversación grabada en una escucha telefónica días antes de su detención.

En esa charla, con un hombre llamado Pablo, se registraron diálogos "altamente sugestivos en referencia al hecho de Zavalla". El verdulero habló de "encontrarse con Pablo con motivo de un acordeón Hohner y otro elemento marca Casio, reflexiones que aluden claramente a efectos obtenidos en oportunidad de la muerte de Savini".

Otro dato que cita la resolución es que, si bien Santoro afirmó que nunca estuvo en Zavalla, una empleada de la verdulería implicada en la causa y que obtuvo la falta de mérito, Natalia L., reveló que en una ocasión fueron juntos a un comercio de esa ciudad donde ella tenía crédito a comprar un electrodoméstico para Martín. "Se aprecia la existencia de innumerables elementos de sospecha graves que confluyen en un solo sentido", planteó la jueza al procesarlo.

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