Juan Román Ariel Spelta, de 38 años, apeló a diversas variantes del cuento del tío para embaucar a 17 personas a las que llamaba por teléfono desde la Empresa Provincial de la Energía, donde prestaba servicios para una empresa tercerizada que realizaba la limpieza. Con diferentes ardides logró acumular un botín que los pesquisas estimaron en algo más de 110 mil dólares, 7 mil euros y 25 mil pesos sin contar un centenar de joyas de oro de distinto valor económico y afectivo. Ahora el juez de Instrucción número 11, Hernán Postma, lo procesó por el delito de estafa y dispuso un embargo sobre sus bienes hasta cubrir la suma de 40 mil pesos. El fallo fue apelado inmediatamente por la defensa del imputado y ahora será la Cámara Penal la que decida su futuro.
La metodología utilizada por Spelta tenía tres variantes. En una de ellas se contactaba telefónicamente con sus víctimas haciéndose pasar por un reconocido abogado del foro local que le informaba acerca de un juicio en el que la víctima estaba involucrada. Ante eso le sugería que, en caso de que el juicio resultara adverso, podría perder todos sus ahorros. Por lo que se ofrecía tomar el dinero y las joyas en guarda hasta que estuviese resuelto el pleito. De esa manera se quedaba con importantes botínes.
Otra de las maniobras consistía en hacerse pasar por un abogado conocedor de que en la vivienda de la víctima se iba a realizar un inminente allanamiento policial y que, ante la posibilidad de que los uniformados encontrasen el dinero o las joyas que la persona tenía atesoradas en su hogar, era conveniente entregárselo a él para preservarlo de un robo. Después, pasaba él mismo o algún cómplice y retiraba el botín que la víctima no volvería a ver.
La tercera modalidad consistía en hacerse pasar por empleado de algún banco de renombre y le aseguraba a su interlocutor, después de embarullarlo para obtener información, que los dólares que guardaba en su casa debían ser cambiados ya que saldrían de circulación. Y que si no lo hacía sólo serían papeles pintados que no le servirían más. Entonces, se ofrecía a hacerle el canje a domicilio y obtenía que las personas mayores le entregaran todos sus ahorros.
Libertad burlada. Spelta llegó a esta instancia del proceso penal en libertad luego de que, en marzo del año pasado, la jueza de Instrucción Raquel Cosgaya le otorgara la sustitución de prisión con ciertas restricciones: no ausentarse de la ciudad, presentarse ante el juzgado de Instrucción Nº11 cada 15 días, y someterse al cuidado de su madre, que previa aceptación del cargo deberá suministrar informes periódicos sobre el imputado. A su vez, el padre deberá presentar constancias del real desempeño laboral de su hijo.
Sin embargo, el timador vulneró las restricciones que le habían impuesto y el 4 de noviembre de 2010 cometió una nueva estafa. A las 15.30 de ese día Spelta llamó al teléfono de Yolanda Aída S. "Hola, habla el doctor Perrone. Su teléfono está intervenido y su domicilio va a ser allanado", le dijo a la mujer. Así consiguió que la víctima le brindara el número de teléfono y los datos personales de su hijo antes de cortar la comunicación. Minutos más tarde se contactó nuevamente y, haciéndose pasar por el hijo, le anunció que el doctor Lescano pasaría por su casa para que le entregara los elementos de valor y el efectivo que tenía ante el inminente allanamiento. Con ese ardid, el imputado se apoderó de una cadena de oro de 18 kilates con una perla negra, otra cadena de oro de 18 kilates, un dije con el árbol de la vida, una pulsera con piedras semipreciosas turquesas, un anillo con piedra esmeralda, dos collares de perlas blancas y otro de tres hilos con piedras mordidas, además de un par de aros de oro con tres hilos, 100 pesos en efectivo y un teléfono celular.
Varios modos y un solo fin
Uno de los episodios por los que Juan Román Spelta está acusado ocurrió el 31 de julio de 2009 cuando se contactó por teléfono con Antonio Nicolás P. y le dijo que era funcionario del Banco Central. Así logró que el damnificado le dijera que tenía dólares estadounidenses y le suministrara la numeración de los billetes. Ante lo cual Spelta le manifestó que eran falsos y que alguien iría a cambiarselos. Así se alzó con 11.400 dólares que "depositaría en una cuenta bancaria".
Un día antes, el 30 de julio de 2009, el embaucador despojó a María S. de 7.000 euros tras anunciarle que su domicilio sería allanado. Un rato después el mismo arribó a la casa de la mujer y recogió el dinero.
El 15 de septiembre de 2009, en tanto, la defraudada fue Belquis Gladis G., a quien un hombre que se hizo pasar por juez la llamó y le informó que su línea telefónica sería intervenida. "No puede recibir ningún llamado", le dijo antes de llegar a la casa de la víctima y presentarse como el abogado de su sobrino. Cuando la mujer quiso comunicarse con su familiar por teléfono fue atendida por la misma persona que le había notificado el allanamiento. El tipo que se había presentado le pidió dinero para impedir la medida judicial. Así se llevó 10 mil pesos, una cadena de oro y dos medallas del mismo metal.