La alta pena que pesaba sobre Riquelme fue revertida por tres jueces de la Sala I de la Cámara Penal. El joven, de 21 años, lleva 3 años y 7 meses preso en la cárcel de Coronda y a partir de hoy, cuando se notifique del fallo, saldrá en libertad.
Los camaristas Ernesto Pangia, Carina Lurati y Alfredo Ivaldi Artacho tomaron la decisión tras escuchar a la hija mayor de Brusa, quien presenció el crimen de su padre y hasta forcejeó con uno de los atacantes. La chica afirmó que Riquelme no era el asesino y los jueces consideraron que fue "sincera y segura en su declaración". La joven aclaró que tres años atrás, cuando lo apuntó en una rueda de personas, sólo dijo que tenía una contextura física similar a uno de los agresores. Según los abogados de Riquelme, ese comentario se escribió en el acta como un señalamiento directo.
Aquel reconocimiento, ahora desvanecido, fue la prueba de peso que el juez de Sentencia Carlos Carbone tuvo en cuenta en agosto de 2010 para condenar a Riquelme a 19 años de prisión por ese homicidio en ocasión de robo y por un asalto previo. En el mismo fallo había sido absuelto otro muchacho, Walter Javier Leiva, de 23 años, quien falleció por un problema de salud.
Tras la apelación de la condena, el giro decisivo lo impuso la fiscal de Cámaras María Eugenia Iribarren. La encargada de la acusación pidió que absolvieran a Riquelme tras escuchar el nuevo testimonio de la hija de Brusa. Como ese dictamen es vinculante en el nuevo sistema penal y se había caído la más firme evidencia, los camaristas lo absolvieron por el homicidio pero mantuvieron una pena de 3 años y 2 meses (ya cumplida) por la causa anterior de robo.
Sergio Brusa fue asesinado el 10 de septiembre de 2007 en su casa de Rouillón y Carrasco. Tenía 46 años. Dos jóvenes llegaron al negocio que atendía su hija mayor. Uno pidió hamburguesas y cuando la chica de 21 años fue a buscar la mercadería, el ladrón armado quiso entrar a la casa y forcejeó con ella. El padre de la joven se sumó a la pelea empuñando un arma de fuego y el segundo asaltante, que estaba afuera, entró y baleó al comerciante por la espalda.
El dato que ligó a Riquelme al trágico episodio fueron llamados anónimos recibidos en la comisaría 20ª. El muchacho estuvo alojado en la cárcel de Coronda, donde lo apuñalaron dos veces por la espalda, y pasó un tiempo en Piñero antes de volver a la prisión más grande de la provincia, donde ayer recibió la noticia a través de su madre. "Hijo, lo logramos. La pesadilla terminó", le dijo María Elena Domínguez por teléfono, desde Tribunales.
Gesto de grandeza. "Todo esto se aclaró porque la familia de Brusa tuvo el gesto de acercarse a nosotros y le estamos enormemente agradecidos. Las dos familias fuimos víctimas de una mala investigación policial. Lo que nosotros vivimos no se lo deseo a nadie. Lo más duro fue la discriminación de la sociedad. Pasaba caminando por mi barrio y comentaban: «Ahí va la madre del asesino»", dijo María Elena a este diario tras hablar con su hijo.
La familia de Riquelme siempre sostuvo que el joven era inocente y que estaba ocupando el lugar del verdadero asesino. Que todo el barrio sabía el nombre de los atacantes pero que éstos contarían con protección policial. E incluso aseguran que Matías fue detenido en represalia por haber denunciado apremios policiales (ver aparte).
A sólo seis cuadras de la casa de los Riquelme, la familia de Brusa llevó como pudo el dolor por la pérdida de un ser querido. Pero llegó un punto en el que los dos dramas, como puntas de un mismo ovillo, se juntaron. En agosto pasado una hermana de Brusa habló por Canal 3, a pocos días del tercer aniversario del crimen. Entonces dijo que el verdadero asesino del comerciante estaba libre.
La madre de Riquelme grabó la entrevista con su celular y las dos familias se conectaron. Entonces los Brusa revelaron su convencimiento de que Riquelme no era el homicida. "En el barrio es vox populi que ninguno de los enjuiciados fueron, pero no podemos acusar a nadie", reveló por esos días la madre de Brusa, a La Capital.
Alianza. Tras la condena a Matías y mientras se tramitaba la apelación, ante el planteo público de familiares de la víctima los abogados pidieron la reapertura de la causa a prueba. Es una medida excepcional que sólo se otorga cuando aparece una nueva evidencia. "Contamos con el compromiso del camarista Pangia por buscar la verdad de los hechos. Aceptaron el testimonio de la hija de Brusa y la escucharon conmovidos", dijo Adrián Ruiz, defensor de Riquelme junto a José Ferrara y Rodrigo Mazzuchini.
En la audiencia, contaron los abogados, la hija de Brusa deslizó que había sido inducida por la policía a señalar a Riquelme y que le habían mostrado fotos del detenido diciéndole que era el homicida. La madre del joven condenado también habló ante los camaristas. Esa inusual alianza entre víctimas y acusados finalmente condujo a la absolución del único imputado.
"Todo da la pauta de que los policías querían un culpable como fuera. Empalme Graneros se estaba incendiando con tres homicidios en tres meses. Lo detuvieron a Riquelme, el caso se consideró esclarecido y cualquier otra línea dejó de investigarse, algo propio de los países donde no se sancionan los malos procedimientos",objetó Ruiz.
Tras el inédito fallo, Riquelme regresará a la vida libre y la familia Brusa a afrontar su carga cotidiana. El expediente por el crimen, mientras tanto, volverá a fojas cero en una nebulosa de impunidad acentuada por el tiempo perdido.