Apenas la jueza María Isabel Mas Varela anunció que había sido absuelto, Nahuel David Santamaría, el joven de 21 años imputado por el homicidio del automovilista Claudio Omar Frutos, estalló en llanto. El muchacho había llegado a un juicio oral y público por la muerte del conductor, a quien en enero de 2010 —en el acceso Sur— le arrojaron un adoquín para detener la marcha de su auto y así robarle. El fiscal Aníbal Vescovo había requerido que se condenara a Santamaría a 14 años de prisión mientras que Daniel Peláez, abogado defensor del muchacho, pidió la absolución por falta de pruebas que lo ubiquen en la escena del hecho.
El tribunal —integrado por los jueces Mas Varela, Georgina Depretis y Rubén Bissio— decidió en modo unánime absolver al muchacho por el beneficio de la duda. Es decir, que en la investigación judicial no hubo pruebas concluyentes para aplicarle una sanción penal.
Seguirá preso. Aunque el fallo dispuso su libertad, Santamaría continuará en prisión a raíz de que recibió una condena a cinco años por un hecho cometido con la misma modalidad delictiva el 22 de diciembre del 2009. Por el homicidio de Frutos, en abril de 2011, fue sentenciado a 14 años de prisión en un juicio abreviado Rodrigo Nicolás Olguín, quien admitió su participación en el ataque. (ver aparte)
Apenas la jueza Mas Varela terminó de leer el fallo, a Mabel A., la madre del muchacho, se le llenaron los ojos de lágrimas mientras un familiar se acercó emocionado a Peláez y murmuró un gracias. Todavía sentado en el banquillo de los acusados, Santamaría saludó con un beso a su abogado. Un muchacho voceaba “mi hermano es inocente”.
El tribunal también requirió al fiscal Vescovo la investigación de probables delitos que haya cometido Santamaría y “no han sido objeto de acusación”. Este señalamiento produjo sorpresa a raíz de que no se refieren los ilícitos en los que podría haber estado involucrado el joven absuelto. Santamaría llegó a juicio acusado de coautor de homicidio calificado seguido de muerte y fue juzgado por esa figura penal.
Un funcionario tribunalicio se mostró sorprendido por el veredicto. “Tal vez quieren imputarlo (a Santamaría) por encubrimiento a raíz de que los elementos de prueba (un ticket de débito y una tarjeta de un hotel marplatense) fueron encontrados en su casa. Pero hay que esperar que se conozcan los fundamentos”, dijo.
El ataque. A las 5.30 del 31 de enero de 2010 Frutos conducía un Chevrolet Corsa por el acceso Sur. Regresaba a La Plata junto con su esposa, Rosa Villarroel, el hijo de 11 años de la pareja y una hermana de la mujer, tras visitar a parientes en San Carlos Centro. A la altura de Uriburu les arrojaron un adoquín que atravesó el parabrisas e impactó en la cabeza de Frutos. Con el conductor inconsciente el auto terminó contra un guardarrail. Entonces se acercaron tres jóvenes y, exhibiendo cuchillos y armas de fuego, se apoderaron de unos 500 pesos, celulares y documentación de los ocupantes del auto. Diez días después Frutos murió.
Vescovo pidió condena a raiz de dos elementos encontrados por efectivos de la comisaría 11ª en la vivienda de Santamaría: una tarjeta de un hotel de Mar del Plata donde la familia Frutos había estado unos días antes del 31 de enero del 2010, el día que el conductor fue atacado, y el comprobante de una carga de combustible realizada por Frutos el 17 de enero en una estación de servicios de Zárate con su tarjeta de débito. Santamaría y dos familiares negaron que esos elementos hayan estado en su casa al ser allanada.
En los alegatos el fiscal recordó los dichos de la esposa de Frutos. “Rosa dijo que en las vacaciones de ese año (2010) habían estado en el hotel Stío de Mar del Plata y cargado combustible con la tarjeta de débito en una estación de servicios de Zárate”. También señaló que el allanamiento a la casa de Santamaría se realizó dos días después del hecho. “Era evidente que el imputado quería desprenderse de los elementos secuestrados”, dijo.
El responsable de la acusación afirmó que el ticket de la tarjeta de débito tenía una mancha de sangre que “se determinó que en un 99 por ciento era compatible con el grupo sanguíneo de Frutos”. Y aceptó que Matías I., el testigo del operativo realizado por efectivos de la comisaría 11ª, no reconoció los elementos secuestrados.
Discrepancias. Una de las diferencias que mantuvieron el abogado defensor y el fiscal fue sobre la legalidad del allanamiento a la casa de Santamaría, ubicada en Spiro al 500 bis. Según el letrado, Matías I. entró a la casa cuando los policías ya habían detenido a su cliente. Y basó su afirmación en el video donde quedaron registradas las imágenes del operativo. En el registro fílmico —de baja calidad— no se logra distinguir el sitio del cual los uniformados recogen los elementos secuestrados (el ticket de débito y la tarjeta del hotel) ni tampoco aparecen visibles.
El abogado recordó, justamente, que Matías I. dijo que cuando entró a la habitación de Santamaría los policías ya “estaban revolviendo cosas”. Y señaló que su cliente no fue reconocido por Rosa —la viudad de Frutos— y su hermana Adriana en la rueda de personas en los Tribunales. “Además, las víctimas no dijeron en las audiencias que mi cliente haya participado del hecho”, sostuvo.
El martes próximo se conocerán los fundamentos del fallo absolutorio de Santamaría.