Se trata de la primera vez que la justicia argentina obliga a la iglesia a resarcir a una víctima de abuso sexual. La sentencia condena al obispado a indemnizarle por los daños morales y pagar el tratamiento psicoterapéutico.
El abuso ocurrió en el año 2002. Pese a que el cura reconoció los hechos ante sus superiores, estos únicamente le amonestaron canónicamente y lo trasladaron a otra diócesis donde falleció tres años más tarde. La curia solo vio en él un pequeño error por faltar al sexto mandamiento: "No cometerás actos impuros".
De hecho, según cuenta el periódico argentino Página 12, llegó a alojarse en una vivienda de la Vicaría de Flores, del Arzobispado de Buenos Aires, cuyo titular era monseñor Jorge Bergoglio, hoy al frente del Vaticano como Francisco. La Iglesia nunca reconoció el hecho como un delito aberrante, sino simplemente como "una debilidad propia de los célibes". Incluso el cura acusado de pedofilia continuó confesando a niños y jóvenes en escuelas primarias.
La víctima de los abusos, que entonces tenía 14 años, era huérfano desde los dos años. Por ese motivo la madre relata que acudió al sacerdote, creyendo que su hijo necesitaba una imagen masculina y alguien con quien hablar de "cosas que aparecen en la adolescencia".
El joven cuenta que el cura abusó de él en su propia casa y que "pese a estar en crisis y llorando", tuvo el valor de contárselo a su madre en cuanto pudo escaparse y llegar a casa. Inmediatamente se activó la causa judicial que ha dado como resultado esta sentencia histórica.