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Crecen los casos de violencia familiar

Entre febrero y diciembre de 2008, el Centro de Asistencia a la Víctima (CAV) de Santa Fe, dependiente de la Defensoría del Pueblo, realizó 1.639 entrevistas por casos de violencia familiar. De ese total, 810 fueron por derivaciones internas que realizó la propia Defensoría, de la que depende el organismo. Por presentación espontánea al área de Psicología se realizaron 187 entrevistas, mientras que por derivación externa -juzgados, URI, Subsecretaría de la Niñez- fueron 642. Dentro de estas últimas se evidencia un notable incremento de los oficios enviados por los Juzgados de Instrucción Penal: en 2008, el CAV respondió 133 oficios, lo que representa un aumento del 141,8 % respecto de los recibidos en 2007, cuando sólo llegaron 55.

"Desde hace tres o cuatro años, el aumento de la demanda por situaciones de violencia familiar ha sido progresivo. Pero quizá en 2008 y en lo que va de 2009, la progresión o el incremento haya sido mayor todavía", dijo a El Litoral la psicóloga Laura Manzi, integrante del equipo de profesionales que trabaja en el CAV.

El director del Centro, Dr. José Zampó, recordó que la entidad se creó a partir de la ley provincial 11.202, de 1995, para asistir a víctimas de hechos delictivos en general. Pero reconoció que "la gran demanda a nuestras oficinas" empezó años más tarde, cuando se sancionó la ley 11.529, que permitió tanto las presentaciones espontáneas como las derivaciones por casos judicializados de violencia familiar.

"Los jueces también recurren a nosotros para pedir un diagnóstico de nuestro equipo de profesionales, para dictar una sentencia lo más ajustada a Derecho posible", explicó. Hoy, el CAV tiene sedes en las cinco circunscripciones judiciales.

Según precisó Manzi, los casos más frecuentes que reciben en el Centro son los de violencia conyugal contra la mujer, y malos tratos infantiles. "Dentro de los malos tratos es muy significativo el número de consultas en relación con abuso sexual infantil, y en esto vale aclarar que no es necesario que se haya hecho una denuncia previa. Hay quienes pueden inferir o advertir situaciones de malos tratos infantiles por indicadores que llaman la atención, pero sin tener la absoluta certeza. Entonces pueden acercarse al Centro con esas dudas para que nosotros evaluemos la situación y podamos argumentar una intervención al grupo familiar. Es una instancia intermedia antes de llegar a la denuncia", explicó.

El aumento

Para analizar las causas del incremento en los últimos años, la psicóloga Laura Manzi reparó, primero, en un cambio cultural y social que implica otra perspectiva a la hora de pensar en la víctima.

"Por mucho tiempo, esta temática estuvo oculta; las personas que iban a pedir ayuda se sentían avergonzadas y culpables, y el resto de la gente pocas veces consideraba que debía intervenir. Hoy, merced al trabajo realizado durante quince años, la violencia familiar tiene una lectura diferente y permite que las personas se acerquen, y que los caminos estén un poco más allanados", explicó. De todos modos, aclaró que estos cambios socioculturales no son parejos. "Somos conscientes de que en el norte, por ejemplo, los obstáculos no sólo están dados por las creencias y los mitos populares, sino también por la concepción de los funcionarios públicos que deben actuar frente a estas situaciones", sostuvo.

La especialista aclaró que no pueden hacerse lecturas "lineales ni direccionales" para explicar el fenómeno, porque son demasiados los factores que intervienen. Una acotación del Dr. Zampó reforzó el planteo. "Es un problema que atraviesa todos los estamentos sociales; no hay clase social que no esté afectada por la violencia. Lo que probablemente ocurra -aclaró- es que quienes mayores recursos tienen pueden abordar el problema por una vía distinta que la gente que normalmente visita nuestro Centro, que brinda asistencia inmediata, integral y gratuita".

Colapsados

El Centro de Asistencia a la Víctima responde oficios judiciales, pero también intenta mediar, contener y asistir a las víctimas que se presentan espontáneamente, para evitar que se generen nuevas causas.

"Los juzgados de Familia ya están colapsados por atender los temas inherentes a su competencia. Y están saturados porque en Santa Fe y Rosario, donde funcionan los tribunales colegiados de Familia, el sistema del juicio oral y la cantidad de procesos que ingresan diariamente impiden que se cumpla con los preceptos establecidos en el Código. El Código -recordó- habla de demanda, contestación y audiencia de vista de causa en treinta días, y hoy se están fijando audiencias para el 2012".

En este contexto, Zampó consideró que el sistema del tribunal colegiado ha llegado a su fin. "Es necesario establecer, quizá, juzgados unipersonales, con competencia exclusiva en cuestiones de familia y con un trámite procesal más abreviado que redunde en una mejor administración de Justicia".

Zampó aclaró que la Corte ha creado secretarías específicas para atender casos de violencia familiar en los dos tribunales colegiados, aunque no cuentan con un equipo interdisciplinario de profesionales para abordar la problemática.

"Por eso, muchos de esos casos terminan recayendo igual en nuestras oficinas. Ojalá hubiera diez centros más en la ciudad, porque todo lo que sume viene bien", comentó.

Una deuda con el victimario

El Centro de Atención a la Víctima redobla esfuerzos para contener a quien sufrió la agresión. Pero qué sucede con quien ejerció esa violencia, que es en definitiva un integrante de la familia y en muchos casos, partícipe de la convivencia. "Es una situación compleja; además, no todos los golpeadores tienen las mismas características -coincidieron Zampó y Manzi-. En algunos casos la violencia es ocasional y en otros es crónica".

La psicóloga aclaró que la función esencial de la entidad es trabajar con la víctima para que sepa cuáles son sus derechos desde el punto de vista legal, pero también en la vida cotidiana. "Tratamos de reforzarla para posicionarla frente a quien la agrede y también para que proteja a sus niños. Esto conlleva un proceso que no es inmediato ni rápido -explicó Manzi-. Si no hay alto riesgo en la situación, se plantea un tratamiento a la víctima. Si no, pedimos que haga la denuncia. Cuando esto no es necesario, seguimos el trabajo con la mujer y los chicos y a veces aparece el esposo. Pero aquí no hacemos tratamiento para golpeadores; se los deriva a algún centro de salud".

El Dr. Zampó reconoció que cuando el agresor comparece "espontáneamente" a pedir ayuda, "lamentablemente, no existen muchos lugares donde pueda ser derivado y los jueces tampoco tienen demasiadas opciones para mandarlos y ayudarlos".

Manzi advirtió que no es sencillo el trabajo con golpeadores, porque tienden a "racionalizar y justificar" sus conductas. "Cuando piden ayuda, lo hacen más por el temor a la pérdida de la esposa que por una motivación interna de que debe cambiar. Pero es cierto -admitió-; con ellos hay también una deuda, porque mientras no exista la oferta (de ayuda) tampoco va a existir la demanda. Y debería haber centros que trabajen estas situaciones pero desde el maltratador, para que se pueda modificar la conducta, porque sabemos que si no, esto se reitera en nuevas relaciones", concluyó.

6.215 causas son las ingresadas a Tribunales en el año 2008 por casos de violencia familiar. Según datos proporcionados por el propio Poder Judicial, la ciudad de Santa Fe supera -pese a su densidad poblacional- a Rosario en el número de expedientes iniciados. En esta capital se iniciaron 2.229 contra 2.224 que se presentaron en Rosario.

Mapa vetusto

Para el Dr. José Zampó, la víctima del maltrato familiar sigue desprotegida en muchos sentidos, y advirtió que una forma de remediar esa ausencia, sería modificando el actual mapa judicial. "Ese mapa es vetusto, porque quien tiene que recorrer más de 100 km para litigar, termina revictimizado", sostuvo. "Hoy -ejemplificó-, una persona de San Javier, que está más lejos que Rosario, tiene que recurrir a los Tribunales de Santa Fe. Qué opinarían los abogados de aquí si nos tocara ir a litigar a Rosario", se preguntó. En el mismo sentido, Laura Manzi advirtió que las zonas de mayor riesgo son las más despobladas y que carecen de juzgados. "La violencia florece en familias aisladas que no tienen recursos ni medios para pedir ayuda", aseguró.

Currícula

Más vale prevenir que curar. Como en la mayoría de las problemáticas, los especialistas recomiendan trabajar sobre la prevención para evitar escenarios violentos en la familia. Y consideran que en ese papel la escuela juega un rol preponderante. "Según la ley, la violencia doméstica debería ser incluida como un contenido permanente en las escuelas; sin embargo, se aborda esporádicamente", dijo Laura Manzi. "Los docentes -acotó Zampó- nos piden permanentemente que el tema sea incluido en la currícula, porque una de las formas de hacer cesar la violencia es la educación".

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