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Cuatro de cada diez damnificados por Ossola no reclamaron nada

Casi la mitad de los que confiaron dinero para comprar títulos, acciones o entrar en fondos mutuos no se presentaron a reclamar las deudas que la propia compañía aceptó tener con ellos. Y apenas el cinco por ciento de los que perdieron plata buscaron que castigaran a los responsables mediante una denuncia penal.

Ni el hocico. Ni reacción pública, ni reacción judicial. La firma clausurada el 22 de febrero de 2007 por el Mercado de Valores de Rosario reconoció en el juzgado civil de Hernán Carrillo, al presentarse en concurso preventivo, tener deudas con un total de 295 personas físicas o empresas.

Fuentes cercanas a la Sindicatura que tramita el concurso de Ossola SA revelaron a La Capital que 118 de esos 295 perjudicados no se presentaron a reclamar lo que les deben. Representa nada menos que el 40 por ciento de los hundidos por el histórico agente de bolsa que, según datos de la misma sindicatura, dejó un tendal por 59.360.000 pesos. Casi veinte millones de dólares.

 

No muy blanco. ¿Qué situación de fuerza mayor pudo llevar a que cuatro de cada diez inversores prefirieran olvidarse del capital entregado? Para analistas de mercado y encargados del juicio civil el motivo es muy claro: los fondos entregados para esas inversiones no tenían un origen limpio. Y poner el hocico en el concurso podría implicar, tarde o temprano, evidenciar que habían obtenido la plata del circuito negro. Ante los organismos recaudadores, eso parecía perder algo más que los fondos que rodaron en una timba financiera.

El acreedor reconocido por Ossola que menos se perjudicó con el quebranto perdió 30 mil pesos. Un socio de una constructora figura como acreedor por 2.148.060 pesos. El mayor damnificado en moneda extranjera tiene domicilio en la calle San Juan y aparece enterrado en 405 mil dólares. Le sigue un accionista de Carcarañá que perdió tenencias por 322.553 dólares.

La jueza Alejandra Rodenas procesó la semana pasada, por 16 defraudaciones, a los hermanos Carlos e Ileana Ossola, por estafas reiteradas. También incluyó como partícipes primarios de las maniobras a Guillermo Ossola, hijo de Carlos, y a la contadora Mónica Todeschini.

Les atribuyó haber instrumentado maniobras ardidosas consistentes en usar el ámbito físico de la agencia Ossola, su estructura administrativa y el activo en general para brindar confianza a los clientes.

La mecánica defraudatoria surgió de apoderarse de los importes para concretar diversas inversiones y no realizarlas. Para ocultar esa omisión, según la jueza, emitían documentación fraudulenta de tales operaciones, o recibos de pagos apócrifos de supuestas rentas, lo que implicó dar forma al engaño.

 

Los acreedores. Cuando se presentaron al concurso los Ossola reconocieron un pasivo que superaba los 65 millones de pesos y un total de 295 acreedores. De ese grupo de acreedores 210 correspondían a la deuda de la sociedad anónima y los otros 85 son reconocidos como acreedores particulares de los hermanos Ossola.

Según información que consta en los papeles de los síndicos del concurso, que ejerce el estudio contable Ziadi, Morín & Borgia, un total de 38 acreedores de Ossola SA ni pisaron el juzgado para reclamar lo suyo. Al igual que 80 que entregaron ahorros a los hermanos Ileana y Carlos en forma particular.

Flojos de papeles. "Como se dice en la jerga, muchos clientes de Ossola estaban flojos de papeles", bromeó una fuente próxima a la Sindicatura. "Todo el mundo sabe que estos inversores confiaban al circuito financiero no formal plata que obtenían en negro. El que pone plata en el circuito informal lo hace para sacar una mayor renta y con fondos no declarados. Es un círculo vicioso que en Rosario terminó varias veces de este modo con agentes bursátiles y los riesgos están a la vista".

El gran deschave. La Afip, en su momento, inició trámites en este caso, cursando correspondencia a cada uno de los acreedores asumidos por Ossola. "Este trámite después quedó en la nada. Pero a mucha gente recibir la carta le habrá servido para convencerse de no presentarse nunca en el juzgado", citó otra fuente del caso.

Fuentes judiciales confirmaron que, "como era esperable", un gran volumen de acreedores jamás reclamaron nada. También revelaron que los montos requeridos por los inversores damnificados que sí se presentaron al concurso coincidían con lo que los Ossola decían deberles. Lo que sugiere que las deudas reconocidas por Ossola a los ausentes .

Una cosa parece igualar a los que reclamaron y a los que no lo hicieron: la convicción de que jamás recuperarán su dinero. El 11 de marzo el juez Carrillo declaró la quiebra. Eso implica que se liquidarán los bienes que hay en el activo de la agencia bursátil cerrada hace 13 meses, que los abogados penales que denunciaron a los Ossola consideran inflados. ¿La conclusión? "Va a cobrar muy poca gente", señaló el vocero tribunalicio.

Al listado de acreedores que no recibirán nada lo integra un abanico variado de profesionales, funcionarios privados, industriales, constructores, cerealeras y ahorristas particulares. También están los 40 empleados que, hasta el 6 de marzo pasado, trabajaron en esta firma nacida en el año 1926 cuando Constante Ossola fundó Bonsignore, Ossola y Cia. Viajes y Cambio. A estos trabajadores por sueldos e indemnizaciones por el cierre se les adeudaban originariamente 485.193 pesos.

 

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