Ese es el rasgo más novedoso de los fundamentos del fallo, conocido a dos semanas del final del juicio, lo que se contrapone a lo planteado enérgicamente por la fiscal Mabel Colalongo. Esta funcionaria, a pesar de ser la encargada de acusar, planteó que el policía asesinado no estaba trabajando sino cobrando una coima y por eso su agresor no merecía la pena que corresponde a quien agrede a un empleado de una fuerza de seguridad en cumplimiento auténtico de su labor.
Como contracara de la contundente sanción que recibió José, el Tribunal Oral Nº1 -integrado por Ricardo Vásquez, Otmar Paulucci y Laura Cosidoy- pidió que cuatro compañeros del efectivo asesinado sean investigados por cohecho, falso testimonio e incumplimiento de los deberes de funcionario público, figura legal que también abarcó a funcionarios de la policía provincial "por falta de aseguramiento de pruebas en el escenario del hecho", es decir que objetó la actuación de los uniformados, pero tras el homicidio de Alvarez: no lo que estaban haciendo antes.
Además de la condena a José y del pedido de investigar a las policías Federal y de Santa Fe, los magistrados absolvieron a Marcos Antonio López -llegó al juicio acusado de coautor del homicidio del efectivo de la Federal- y a José Darío Mónaco, quien llegó a esta etapa del proceso en libertad porque estaba acusado de encubrimiento agravado. A su vez, para fundamentar que el suboficial estaba en funciones cuando recibió el balazo mortal, el tribunal consideró que los policías federales actuaron a partir de una pesquisa que el entonces jefe de la delegación rosarina de la Superintendencia de Drogas Peligrosas de esa fuerza, Daniel Michelli, requirió el 26 de marzo del 2008 al juzgado Federal Nº4 y a la fiscal Liliana Bettiolo para investigar los movimientos de José en su casa de Belgrano y Morelli. José, a que lo conocen como Raulo, estaba sindicado como vendedor de droga.
Los jueces valoraron como oficial el operativo "de observación del domicilio" de José que los federales realizaron el 4 de abril de ese año, cuando falleció Alvarez, y describieron la ubicación de cada uno de los efectivos en el operativo. Alvarez estaba apostado sobre avenida Belgrano, en diagonal al domicilio investigado. El operativo incluía dos autos. Uno estaba detrás del empleado fallecido. Allí estaban tres efectivos de Drogas de la Federal. En el otro móvil, sobre la calle Morelli, se encontraban otros agentes. Y para probar la legalidad de la acción el tribunal citó las seis llamadas teléfónicas entre uno de los federales y Alvarez registradas desde las 20.53, antes de que el uniformado fallecido le comunicara a su compañero que había sido baleado.
Entredichos. En su alegato al final del juicio, la fiscal Mabel Colalongo puso énfasis en la cadena de irregularidades que armaron los compañeros de Alvarez, con el agregado de algún descuido de sus pares de la policía provincial que no tomaron los recaudos para preservar la escena del crimen.
En ese sentido, dijo la funcionaria, uno de los superiores de Alvarez retuvo varios días el celular de la víctima. Y tuvo que intimarlo un juez para que entregara el aparato. La cuestión del arma atribuida a López no fue menor durante el debate. El acusado declaró sin medias tintas que la plantaron quince minutos después de haber sido detenido. Por otra parte, un análisis de dermotest (que busca rastros de pólvora o plomo en la piel) arrojó resultados negativos en las manos de López. Esa pericia se realizó en la seccional de la zona a los pocos minutos de producida la detención.
Para Colalongo también hubo movimientos extraños con el arma que portaba el policía Alvarez en el momento de ser asesinado. Esa pistola fue entregada a la seccional 22ª, que intervino en el acta, varias horas después del hecho. Fue cuando el policía ya había sido trasladado al Hospital Centenario.
A esas falencias se sumaron las contradicciones o "lagunas" en la memoria que los policías exhibieron al momento de declarar ante el tribunal. "Es llamativo cómo alguien puede olvidar detalles de un procedimiento donde cae asesinado un compañero", dijo la fiscal.
La fiscal dio por cierta la denuncia de José acerca de que los federales le pidieron dinero para no investigarlo por tráfico de droga. El hombre condenado relató que la primera visita de un suboficial de esa fuerza la recibió el 15 o el 16 de abril del 2008. Ese día, según José, el policía le solicitó una "importante suma de dinero" para no imputarlo en una pesquisa.
El segundo encuentro con el mismo efectivo, según Raulo, fue una semana antes de la muerte de Alvarez. "Ese día, llegó a mi casa , me preguntó si había juntado el dinero y, como le dije que no, me golpeó con el arma", contó José. La tercera visita fue día del crimen. Allí el suboficial apareció nuevamente en escena. "Dale Raulo, hacela rápida que tenemos que buscar la plata en otro lado. Alvarez te va a estar esperando en la canchita", escuchó, según dijo José de boca del policía.
La versión del albañil fue objetada por el tribunal al sostener que las "actuaciones" se iniciaron el 25 de marzo de ese año a raíz de una denuncia telefónica. Para los jueces, la hipótesis de José "no es creíble" y se preguntan "por qué el policía federal no se llevó el dinero y en cambio convinieron que se lo entregara a Alvarez, a quien José no conocía".
Versión de José. Acerca de cómo se desencadenó la muerte de Alvarez, Raulo explicó que cuando se encontró con Alvarez, el uniformado le exigió todo el dinero pedido, unos 20 mil pesos y, como no lo tenía, se originó una discusión. "Me dijo (por Alvarez) «te tengo que pegar un tiro». En el momento, amagó a sacar el arma y yo saqué el revólver calibre 38 que llevaba. El me pegó un manotazo hacia el arma. Entonces se resbaló hacia atrás con mi mano tomada por la suya y en ese momento se disparó" (el arma).
Pero etribunal objetó los dichos de Raulo y para hacerlo tuvo en cuenta los testimonios de Marcos López -fue absuelto- y del testigo Marcelo Di Renzo que presenciaron la escena. Los dos hombres explicaron en las audiencias que Raulo "empujó al policía y cuando se cayó sobre la piedra le disparó". Los jueces confrontaron los dichos de José con el testimonio de la médica forense Alicia Cadierno, que realizó la autopsia del cuerpo de Alvarez.
Dictamen forense. La profesional explicó que la bala mortal ingresó por el pubis, continuó a lo largo del cuerpo y que en el trayecto impactó contra una costilla y le provocó (al uniformado) lesiones de vasos en la cavidad abdominal y en el hígado. Y teniendo en cuenta la trayectoria del proyectil, Cadierno concluyó que el policía fallecido recibió el tiro cuando estaba sentado sobre una piedra. "La persona que le disparó (a Alvarez) estaba parada frente a la víctima, a una distancia mayor de 50 centímetros", sostuvo Cadierno durante el juicio.
Para fundamentar que Alvarez fue baleado a corta distancia, la forense consideró la pericia que determinó que había restos de sangre en su pantalón, pero no fueron encontrados restos de pólvora deflagrada sobre la misma prenda. La profesional señaló que, antes de ser baleado, el agente de Drogas de la Federal recibió dos golpes con un elemento contundente, uno de ellos en el brazo.