A trabajo me refiero, ya que siendo jóvenes abogados debemos asumir que somos trabajadores, profesionales, pero “trabajadores” y como tales no nos merecemos la precarización que estamos viviendo, desde los grandes y medianos estudios nos ofrecen una paga que no llega a cubrir nuestras necesidades, la cual se llama experiencia. Esa misteriosa llave que parece ser la gallina de los huevos de oro que no hace otra cosa más que robarse nuestra juventud, nuestras ilusiones, y lo principal nuestro esfuerzo.
Seguro que no es lo que esperábamos, nadie espera ganar menos de un salario mínimo vital y móvil, nadie se lo merece y por si esto fuera poco, doble castigo es el que sentimos, al comentárselo a nuestros seres queridos, con los que hemos compartido altibajos en la carrera y en la vida, los cuales tampoco esperaban esta situación después de haber visto tanto empeño y sacrificio.
No tenemos porque soportarlo, si bien es una problemática social compleja que llevará su tiempo en resolverse, no estamos recibiendo respuestas claras de la gente que nos representa, pero tenemos un poder muy fuerte y ese poder es el del “voto”.
Aprovechemos esta oportunidad que nos da la convivencia democrática y hagamos todo lo que esté a nuestro alcance por hacernos sentir, a través de las urnas.
Este 6 de diciembre no nos quedemos sin aire, pidamos “cambio”, y aprobemos esta materia.