La investigación policial llevó a la detención de un sospechoso y la semana pasada la Justicia dictó sentencia en primera instancia. Matías Chino Riquelme fue condenado a 19 años de prisión como uno de los autores del fatal asalto al negocio de Rouillón y Carrasco. Pero ese pronunciamiento no logró disipar las dudas en el barrio que fue escenario del hecho. La familia Riquelme siempre sostuvo la inocencia del muchacho y los Brusa, con el fallo en etapa de revisión en la Cámara Penal, plantearon públicamente que los verdaderos responsables nunca fueron sometidos a proceso judicial.
Duda indeleble. Por el crimen de Brusa fue juzgado, además de Riquelme, Walter Leiva, quien fue absuelto en el mismo fallo porque las pruebas en su contra no alcanzaron para condenarlo. Mientras el caso es estudiado en el tribunal de alzada, las dos familias quedaron atrapadas en una incertidumbre que al parecer no podrá disipar un abultado expediente judicial. Por un lado, los allegados al condenado no dejan de clamar por su inocencia, convencidos de que el muchacho fue imputado con pruebas falsas. Por el otro, los parientes del hombre asesinado dicen que Riquelme no fue, pero que no tienen pruebas para aportar a la Justicia.
"Estoy desesperada. Mi hijo no tuvo nada que ver con la muerte de Brusa. Lo condenaron sólo por un reconocimiento. La hija de Brusa declaró que estaba entre los asaltantes, pero está confundida con otra persona parecida a mi hijo. Siempre dije que los verdaderos asesinos estaban libres, que vivían en el barrio. Alguien me tiene que escuchar". María Elena Domínguez suelta ese reclamo mientras exhibe ante quien se le acerque el video captado por su teléfono celular en el que Sandra Brusa, hermana de la víctima, le dice a un periodista de Canal 3 que "el asesino de Sergio está libre" y que ahora sólo espera "que Dios haga justicia".
Esa declaración pública de un familiar directo del hombre asesinado el 10 de septiembre de 2007 hizo que María Elena hiciera un dramático pedido a los Brusa. "Estoy dispuesta a conversar con ellos. No tengo nada en su contra. Las dos familias fuimos víctimas de un mal desempeño de la policía. Reconozco que no se puede hacer nada para revivir a Sergio, pero también es injusto que pague mi hijo por lo que hizo otro. Si ellos también saben que mi hijo es inocente me tienen que ayudar", afirma la mujer.
María Elena y sus otros hijos viven a menos de seis cuadras de la casa de los padres de Sergio. Ella dice que los dos hombres que asaltaron a Brusa nunca fueron detenidos por la policía. Y que uno de ellos, el autor del disparo homicida, murió en un presunto enfrentamiento con efectivos de la Unidad Regional II. Según sostiene, el que zafó es un hombre pesado que aún merodea por Empalme Graneros.
"Yo no puedo salir a decir nombre y apellido de los responsables porque tengo miedo, vivo sola con mis hijos. Además, a mí, con un hijo preso, quién me va a creer. Total a Matías ya lo condenó la sociedad y lo único que puedo hacer yo ahora es agachar la cabeza. Pero lo grave es que, estando en la cárcel de Coronda, lo apuñalaron dos veces. Tuve que pedir el traslado urgente a Piñero", agrega.
La otra punta. Desde el otro extremo de la historia la que habla es Alicia, la madre de Sergio Brusa, quien vive en Empalme hace 40 años, justo enfrente de la propiedad que ocupaba su hijo hasta el día que lo mataron. También cree que Riquelme no fue el que apretó el gatillo aquella tarde de septiembre, hace casi tres años. "Ese día había ido al cine con una de mis nietas. Estaba en el medio de la función cuando mi yerno me llamó al celular para avisarme que habían matado a Sergio. No sé cómo hice para aguantar tanto dolor. Sacar rápidamente a la nena de la sala sin decirle nada, subirnos a un taxi y salir para casa. Cuando llegamos a la esquina y vimos un montón de gente, la criatura solita me dijo «abuela acá pasó algo muy grave»", rememora Alicia.
Sin pruebas. Sobre Riquelme, al igual que lo hizo su hija Sandra ante la televisión, Alicia tiene el convencimiento de que no fue el autor del homicidio. "En el barrio es vox populi que ninguno de los dos enjuiciados fueron, pero nosotros no estamos en condiciones de acusar a nadie. No tenemos pruebas y además, ahora, con mi hijo muerto, mi única preocupación son mis nietos. No vamos a hacer algo que ponga en peligro a los chicos", dice.
La mujer, acompañada de su marido, cuenta que a los pocos días de la muerte de Sergio comenzó a recibir llamadas anónimas y otros familiares cartas en las que les mencionaban los nombres de los verdaderos imputados. "No tengo idea quienes mandaron esos mensajes. Pero yo me sentí presionada y tuve miedo. Ahora que salió la sentencia lo único que nos queda es dejar todo en manos de Dios", dice la mujer.
Familia quebrada. Los Brusa manejan la misma versión que los Riquelme: que el verdadero asesino fue abatido por la policía y que el cómplice anda suelto por ahí. "Si alguien tiene algo que decir con pruebas, que se presente en Tribunales. Yo tengo a mi hijo en un pozo con tierra encima y mi familia se terminó, me la robaron. Ya no somos lo que éramos. Los domingos al mediodía éramos 15 personas reunidas acá en, mi casa. Hoy ya no viene nadie".
La condena por un crimen reflotó dudas que invaden a dos familias
- agosto 23, 2010
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