La joven madre fue identificada como Sonia P., oriunda del barrio 7 de Septiembre de Rosario. La jueza de Sentencia Carina Lurati le aplicó una condena atenuada luego de que en 2006 matara a golpes a su beba recién nacida, informó el sitio La Capital.
Así, confirmó la primera imputación realizada en 2007 por el juez de Instrucción Hernán Postma, que la procesó por homicidio calificado por el vínculo y agravado por la alevosía.
Ante la derogación de la figura del puerperio, que atenuaba la pena para aquellas madres que mataran a sus hijos al poco tiempo de nacer, la jueza se basó en casos de similares características para morigerar la pena, como el de Romina Tejerina, la joven jujeña que fue sentenciada por matar a cuchilladas a su beba recién nacida, que aseguró era fruto de una violación.
Si bien el homicidio calificado por el vínculo es condenado por el Código Penal a prisión perpetua, Lurati atenuó la pena a 14 años de cárcel por las circunstancias sociales y psicológicas que rodearon el caso, al igual que sucedió con Tejerina.
El hecho ocurrió el 26 de junio de 2006 a las 17:30, cuando una vecina de Olmos y Schweitzer, en la zona noroeste de Rosario, descubrió que en un baldío lindante con su casa un perro estaba despedazando el cadáver de un bebé, por lo que inmediatamente llamó a la Policía.
El cuerpo tenía la cabeza partida de un golpe, y estaba envuelto con una manta y metido dentro de una bolsa. La autopsia reveló que había nacido con vida.
Las investigaciones llevaron hasta la vivienda precaria de Sonia, en aquel entonces de 18 años, que vivía con su concubino Gustavo G. de 20 y un hijo en común de un año. Ella siempre había negado que estaba embarazada.
Ya en la seccional, la joven contó su versión de los hechos: que estaba durmiendo cuando comenzó a sentir "muchos dolores"; que se levantó, fue al baño y "se le cayó algo"; que se asustó mucho al ver al bebé, cortó el cordón y se lo dio a su marido para que lo fuera a tirar. Además, sostuvo que se realizó sólo un estudio durante el embarazo. "Me pusieron un aparato para escuchar el corazón del bebé y como no se sintió nada pensé que no estaba vivo", afirmó. También dijo que el menor lloraba pero que dejó de hacerlo cuando se lo dio a Gustavo, aunque no recordaba haberlo matado.
Gustavo también relató en la comisaría lo que sucedió, pero se contradijo con su mujer. Según contó, se despertó porque Sonia "estaba llorando y gritando" en el baño. Cuando se acercó, vio que el bebé estaba naciendo, y fue a llevar a su hijo a otra habitación para que no presenciara el parto. Al regresar, se la encontró pisando a la criatura, para después meterla en una bolsa. "Yo le decía que no hiciera eso, pero ella no me hizo caso y le seguía golpeando para que no llorara más", señaló el hombre. También confió a los efectivos que no querían tener otro hijo.
La jueza resolvió que "la miseria del lugar donde vivía, la falta de contención y apoyo familiar, las dificultades obvias ante el nacimiento de un nuevo hijo -probablemente ya descartado si pensó que no vivía en su seno, pero seguramente no querido- así como los desórdenes psíquicos desencadenados durante el parto" fueron los desencadenantes del crimen. Todo esto habría aflorado en el momento en el que la beba lloró: al igual que en el caso de Romina Tejerina, fue en ese instante en el que la mató.
Además, consignó que Sonia "estaba sola". "Su concubino estaba cargo del otro niño que tenían juntos. Y el bebé nació en el baño, sin atención médica, sin contención de nadie. ¡Cuántas mujeres tienen en un momento de afectación mental grave a terceras personas que les calman el dolor, las arropan, las asisten y se encargan del hijo recién nacido! Nada de esto lo tuvo P. Estaba sola en la miseria, en el frío, en la desesperanza. No puede cargársele toda la responsabilidad, incluso de lo que ella ha hecho", remarcó en el fallo.
Sin embargo, recalcó: "Ver las fotos de la autopsia no puede hacer más que causar espanto. Pero ese espanto que provoca en cualquier persona debe ser dejado de lado para la imposición de la pena. La aberración del hecho no puede impedir la precisión jurídica".
Con respecto a Gustavo, que estuvo preso dos años por haber sido quien arrojó el cuerpo del bebé en el baldío -también había sido acusado de homicidio-, Lurati decidió absolverlo, ya que consideró que no tuvo participación en la muerte.