Afuera, un cartel asegura que el “menú turístico” cuesta $ 8,50, pero el mozo cobra adentro un recargo de $ 1,50 por el servicio de cubiertos. En la góndola, una promoción informa que dos productos se venden al precio de uno, aun que en la caja dicen que la oferta se terminó. Un aviso publicado en un diario afirma que la psoriasis se cura y otro publicita un producto como “adelgazante natural”. Unas páginas más atrás, un banco usa letra ilegible para informar recargos y comisiones, y un locutor promociona por radio un medicamento que se vende sólo con receta.
Durante dos meses, una asociación de consumidores analizó 100 publicidades y detectó que el 55% no cumplía con los requisitos exigidos por la Ley de Lealtad Comercial. Falta de información clave, inexactitudes o mensajes ambiguos fueron las infracciones más frecuentes encontradas por la Asociación Consumidores Argentinos. “Por lo general, la gente advierte que fue engañada una vez que compró el producto”, dijo a Clarín Alicia Dolub, coordinadora del relevamiento “Observatorio de Publicidad”, que incluyó publicidades gráficas, televisivas, radiales y de Internet.
Paralelamente, el Centro de Educación al Consumidor analizó durante seis meses la publicidad de institutos que ofrecen carreras terciarias. Los expertos pusieron bajo la lupa 132 publicidades y detectaron que el 36% era engañosa. Algunos ejemplos:
Cursos publicitados como carreras universitarias que duraban sólo un año.
Cursos de un cuatrimestre designados como carreras terciarias.
Carreras terciarias publicitadas como universitarias.
Cursos que invitan a ser “master internacional”, cuando en realidad no existe ese título.
“Todo esto provoca confusión en la gente, porque hay publicidades que no brindan información clara, precisa y veraz, como indica la Ley de Defensa del Consumidor”, agregó Andrada. Y sostuvo que la letra chica, con datos clave para el consumidor, suele ser indescifrable, como en el caso de las carreras que no otorgan un título oficial.
“El gran desafío que hoy tienen los consumidores es aprender a leer, escuchar y ver las publicidades para evitar caer en engaños”, afirmó a Clarín Carlos Vanella, director de la Subsecretaría de Defensa del Consumidor de la Nación. Ese organismo duplicó en un año los sumarios y actas de infracción por publicidad engañosa. En lo que va del año se instruyeron 148 expedientes y hubo 45 sanciones. Durante el año pasado, en tanto, se acumularon 560 sumarios y 138 imputaciones.
“El ocultamiento de información al consumidor, la limitación de las ofertas anunciadas y el tamaño de la letra son las causas que lideran el ranking de denuncias”, aclaró el funcionario.
Sólo en la Capital Federal se hicieron en un año 190 actas de infracción. Una de ellas fue a un comercio que publicitaba en una revista de ofertas aires acondicionados de diferentes marcas, pero en realidad ninguno estaba disponible a la venta en el momento que fueron los inspectores.
Otro caso fue el de las “pelotas de cuero” que promocionaba un supermercado, pero que en realidad eran de plástico. Ese comercio fue multado con 20 mil pesos. Una cifra similar tuvo que pagar una cadena de comidas rápidas por ofrecer en sus publicidades hamburguesas de lomo cuando eran de cuadril.
Otro problema es el de los supuestos productos light o diet, que durante años hicieron creer falsamente a la gente que tenían menos calorías. Para evitar esas confusiones, se restringió el uso de esos términos a los alimentos que contengan como mínimo 25% menos del valor energético del que tienen los productos similares que no son “diet”.
Sin embargo, las asociaciones de consumidores coincidieron en que aún quedan algunos productos tramposos en las góndolas.
Expertas en cuidar el bolsillo, Andrada y Dolub dan tres consejos básicos para evitar engaños: leer las etiquetas, estar atentos a las publicidades y, sobre todo, conocer los derechos de los consumidores para poder reclamar.
Fuente:www.clarin.com