La maniobra perjudicó durante años al hombre que había comprado el vehículo y no pudo hacer frente a las cuotas del crédito prendario, ante lo cual la financiera le inició juicio. Como a la automotriz nunca le notificaron, siguió intimando al frustrado comprador, y hasta lo incluyó en el Veraz como moroso incobrable. El auto tiene pedido de secuestro y todavía no apareció.
Carta del lector. Miguel Angel Gace hizo públicos los trastornos que vivió en una carta de lectores que publicó La Capital el 26 de julio de 2007 (ver aparte). Allí contó con lujo de detalles lo que después ratificó, mediante una investigación judicial, el juzgado Penal de Instrucción Nº 7, a cargo de Juan Andrés Donnola.
El hombre, oriundo de Venado Tuerto, juntó unos ahorros y decidió comprar un Volkswagen Gol, que abonó mitad en efectivo y el otro 50 por ciento en cuotas con un crédito prendario. Pero la crisis de 2001 y 2002 lo golpeó y no pudo hacer frente al compromiso.
Ante esas deudas, la financiera de la compañía automotriz decidió ejecutar la prenda y, juicio mediante, secuestrar el auto y subastarlo. Para este trámite se designó al martillero rosarino O.S.B. Hasta allí todo normal. Pero grande fue la sorpresa de Gace al seguir recibiendo intimaciones de pago. Y más aún, al comprobar en las oficinas del Registro Automotor que el rodado seguía a su nombre después de muchos años.
Hasta el Veraz. La persecución administrativa fue tal que Gace hasta quedó registrado en el sistema Veraz con una de las categorías más graves: deudor moroso incobrable.
Vamos de paseo. Cuando Gace publicó la carta de lectores en este diario, una persona se comunicó con él y le aportó los datos del martillero, a quien había visto paseando en el auto supuestamente subastado junto a su pareja.
Una vez iniciado el juicio, el Colegio de Martilleros informó al juez que no había registro oficial de una subasta el día mencionado, y menos a las 15 horas, como lo decía el acta. Ese documento llevaba la firma como beneficiaria del auto Gol (dominio DLK 170) de A.E.G, la pareja del martillero.
Mientras tanto, el auto figuraba como "no secuestrado" para la compañía Volkswagen, a pesar de que el juicio prendario había concluido y un oficial de Justicia lo secuestró y lo puso en manos del martillero como depositario judicial.
Cómplices. El martillero y su pareja fueron llamados a declaración indagatoria y negaron los hechos. El reconoció que fue designado para rematar el auto, pero no cuándo lo hizo. Más aún, dijo que no conocía a la mujer, dato que para el Tribunal resultó insostenible y ellos mismos se encargaron de derribar al aportar sus domicilios: los dos vivían en una casa de calle Balcarce con idéntica numeración.
Donnola corroboró el ardid montado para perpetrar la estafa, y en una resolución del 23 de noviembre último procesó al martillero por los delitos de "depositario judicial infiel", "falsificación de instrumento público" y "malversación de fondos", trabándole un embargo sobre sus bienes hasta cubrir la suma de 40 mil pesos.
A su pareja, la procesó por ser cómplice y partícipe necesaria del delito de estafa y falsificación de instrumento público. Y le trabó un embargo por 20 mil pesos.
Entre los fundamentos, y luego de acumular pruebas que los imputados no pudieron revertir, el juez consideró que "ha quedado probado la participación activa de ambos -quienes se conocían- y cuya conductas se han visto activas, ya sea en el apoderamiento del bien bajo custodia (el auto) y que debía ser subastado judicialmente, como las acciones destinadas a confeccionar un instrumento público absolutamente falso, que tenía como destino generar el ardid o engaño a los fines de defraudar, generando un perjuicio patrimonial".
Mientras tanto, y a pesar de numerosas diligencias, el
Gol diesel modelo 2001 todavía no apareció. l