"La vida en Caspinchango era muy tranquila, éramos 15 familias en total. Todo cambió luego; por la tarde no podíamos salir después de que juraban (los militares). Se llevaron a todo el pueblo". Ése fue el relato de María Angélica Racedo, que contó cómo fue que se llevaron a sus padres, en la madrugada del 30 de mayo de 1976.
Los testimonios de la jornada de ayer de la megacausa "Arsenales II-Jefatura II" desnudaron parte del funcionamiento del circuito represivo llevado a cabo por el gobierno de facto, en los sectores rurales de la provincia.
Racedo recordó la noche en que se llevaron a su padre y a su madre, y cómo debieron sobrevivir junto con sus 10 hermanos. A través de un conocido, según dijo, luego se enteró que su madre estaba embarazada, y que llegó a término. Expuso cómo se alteró la vida de Caspinchango, localidad cercana a Acheral a la que definió como "tranquila y cañera", hasta la llegada de los militares.
"No hay pruebas"
Luego del testimonio, el defensor oficial, Ciro Lo Pinto, cuestionó que la querellante por Fadetuc, Laura Figueroa, realizara preguntas contextuales a la testigo, a pesar de que su caso no era representado por esa querella. Figueroa explicó que se trataba de una cuestión que ya había sido saldada al principio de las audiencias.
En ese momento, el defensor Luis Benedicto Fernández se quejó de la tarea de la Fiscalía, y argumentó que el Tribunal, más que de juzgamiento, era un Tribunal de Instrucción (referido al período de presentación de pruebas). Sin embargo, todavía nada había sido dicho.
"Aquí no se presentaron pruebas que digan que los testigos vivieron lo que dicen que vivieron", soltó el hermano y abogado defensor del imputado Juan Carlos Benedicto.
De inmediato, los familiares de víctimas del genocidio reaccionaron enérgicamente. Gran parte del bullicio fue generado por un grupo de mujeres que se mostraron indignadas. Otros reían con una mezcla de ironía y bronca. En medio de las reacciones, Francisco Rafael Díaz, de 90 años, simplemente levantó un cartel con la imagen de dos víctimas, para mostrar la prueba más poderosa: la imagen de un desaparecido. El presidente del Tribunal, Carlos Jiménez Montilla, pidió calma. Benedicto se retiró y volvió a los 10 minutos.
El siguiente testigo en prestar declaración fue Julio César Centurión, por la desaparición de su hermano, Javier Hipólito Centurión. "A mi hermano lo secuestraron el 19 de agosto de 1976, de 25 de Mayo y Mendoza. Salíamos de trabajar en el taller, y nos separamos mientras caminábamos, porque él se encontró con un amigo", indicó. Unos amigos luego le dirían que lo vieron ingresar en un auto a Jefatura.
Contó que buscaron de manera incansable a su hermano. Por intermedio de otro conocido, su familia supo cómo murió. "Un amigo nos contó que murió en una cama de agua, electrocutado. Falleció de un infarto, y decidieron dispararle en la cabeza a pesar de saber que estaba muerto", soltó. "Quiero hacer énfasis de los daños colaterales de estos asesinos sin amor", expresó Julio Centurión.
En ese momento, el ex comisario Roberto Albornoz estaba calmo y cruzado de piernas. Tomás Robert, uno de los defensores, le cambiaba el color de fondo de la página a un archivo de Word en el que escribía. Otra defensora, Julieta Jorrat armaba una flor, con los envoltorios de colores de los caramelos que consumió en la audiencia. Ayer prestaron declaración Carlos Ernesto Petarrosi, María Beatriz Tula de Loyola, María Angélica Racedo, Rosa Paula Esteban y César Rolando Jiménez.