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Usaron una tarjeta a su nombre y compraron por 20 mil pesos

El hecho se repite casi a diario. Llega un sobre con el membrete de un banco y en su interior, junto a una abultada folletería, aparece una tarjeta de crédito lista para ser usada por el/la destinatario/ria. Sin consulta previa al supuesto "beneficiario" de la emisión del plástico a su nombre, las entidades bancarias mandan la documentación al domicilio de los titulares, sin asegurarse de que sean ellos, y no desconocidos, quienes las reciben.

La reacción de los receptores es variada: están los que se quedan con el plástico y lo empiezan a usar para financiar sus compras, los que tiran la tarjeta a la basura, luego de cortarla en pedazos para que nadie pueda utilizarla en su nombre, y los que la archivan sin emplearla.

Esto último hizo Valeria Rosso Ponce, abogada del fuero rosarino, quien en enero recibió una tarjeta de crédito Visa Gold, del banco Santander Río, con una nota en la que le daban la bienvenida como usuaria de la misma.

Como hace unos años Valeria había sido clienta del banco, no se extrañó del envío, a pesar de no haber solicitado la mencionada tarjeta y aunque en 2005 había cerrado todas sus cuentas personales en ese banco; pero decidió no usarla y la guardó con el resto de la documentación recibida.

Y este martes sufrió una ingrata sorpresa, cuando llegó a su domicilio un resumen de cuenta del mismo banco en el que figura un saldo deudor por consumos de alrededor de 6 mil pesos, cuyo pago le exigen. "Enseguida busqué la tarjeta, que seguía tan guardada como yo la dejé, explicó Valeria a Rosario3.com, y llamé al número de teléfono para consultas que aparece impreso en los folletos. Allí mi sorpresa fue aún mayor porque según los datos de la empresa, había más consumos hechos a mi nombre, que ascendían hasta 20 mil pesos, entre los cuales aparecen compras de productos de precio elevado, como neumáticos, joyas y artículos electrónicos, entre otros".

Según el testimonio de la damnificada por la maniobra fraudulenta, todas las compras se efectuaron entre el 7 y el 22 de enero, con una tarjeta a su nombre que tiene un número distinto a la que ella recibió en su casa, pero que pertenece a la misma cuenta del Banco Santander Río.

La abogada presentó ante el Juzgado de Instrucción en turno, una denuncia penal, cuya copia llevó luego a la sucursal de la entidad ubicada en el Paseo del Siglo, donde exigió que investiguen lo ocurrido, ya que hay varios puntos extraños en lo sucedido como: qué documento de identidad presentó el comprador junto con la tarjeta en los negocios donde adquirió productos, a quién pertenece la firma que aparece en los cupones de compra, y por qué fallaron todos los mecanismos de control que habitualmente se aplican para asegurar la identidad del comprador -aún en tarjetas con límites altos de consumo- previo a la autorización de cada pago elevado.

"El gerente del banco me aseguró que tomarían cartas en el asunto y que impulsarían su propia investigación interna para esclarecer el hecho y para evitarle mayores perjuicios", dijo Rosso Ponce, quien asegura tener buenos antecedentes bancarios en esa entidad.

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